Las cosas nunca habían sido claras, ni siquiera ahora. Un momento de pensar en cosas absurdas, inciertas, mundanas, cosas que están y a veces desaparecen, cosas que van y que a veces no vienen.
Solía pensar la acusación -que he sido presa en consecuentes relaciones interpersonales- de mi abandono, no era en realidad un abandono, sino una falta de cautela de la otra cara de la relación. una falta de la precaución de saber que todas las cosas en la vida tienen caducidad, de saber que nada es para siempre, de saber que las cosas de pronto acaban y por eso debes tenerlas firmes, seguras, convincentes, felices, mas no amarradas a ti, sino en vista y en tiempo. Solía pensar que esa despreocupación, era lastimera hacia si mismo, que yo no era el culpable de deslizarme lentamente hacia una zona segura, alejada de ellas. Solía pensar que siempre obtenía la mejor parte del trato.
Ahora ansiedades de la vida y cosas del destino me toco estar del otro lado, me toco ser el acogido del desconcierto, el vorágine buscador de respuestas, el insaciable depredador de verdad, y no una verdad universal, una verdad pequeña existente, clara, traslucida, una verdad que me diga en que momento se fracturo todo, en que momento dejo de existir, en que momento se fue y en que momento se quedo, que me haga saber con precisión como fue que paso. Estoy seguro que no fue nada de lo que haya dicho hecho o pensado, pero también estoy seguro que estuve en el justo momento de esa fractura.
Es un hueco impresionante, es un hormigueo perturbante en cada extremo del dedo, es sentir la nada, es un alarido sin forma, es un silencio incomodo, es un golpe innecesario a la nada en ningún momento, el problema fundamental no es que es, si no todas las cosas que no es.
Solía pensar muchas cosas, que hoy sigo pensando, pero me es muy útil cuestionarlas.