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domingo, mayo 31

Cómo no ser un buen escritor

Siempre he soñado con escribir un libro. Plasmar mis sentimientos en papel y dejar alguna huella de que existí en este planeta. Algo que aparezca en google al tipear mi nombre.
El problema reside en dos importantes fallas. La primera, que no soy escritor. No poseo, más allá de mis lecturas regulares, una instrucción literaria que permee en el buen escribir, en el sentido de estructura, contenido y forma. Esto no es un impedimento, una tercera parte de los libros publicados por editoriales comerciales fueron escritos -o al menos dictados- por personas cuya educación literaria, en términos rigurosamente académica, es casi nula. Aun cuando publiquen ficción o novelas.

La segunda razón por la cual no he logrado cumplir mi cometido se refiere al temple. Soy incapaz de imponer mi imaginación, mis ideas, mis notas -incluso- sobre mi estado anímico. Cuando tengo un accidente/incidente que infiere fuertemente en mi emocionalidad, por pequeño que parezca, termino atropellando la historia con los dramas de mis afectos -de mi afecto, dicho con menos cobardía. Sí, de ella en específico.- y si era un cuento burlón o cualquier otra historia termina siendo un tipo triste tipeando en una maquina escritora más o menos a esta hora, con el cigarro a medio encender y con la misma camisa que me he puesto hoy.

Lo contradictorio de esta revelación es que solo cuando estoy, en la posición menos óptima con ella, cuando menos me sonríe ella, más productiva se vuelve mi inexistente obra. Mis sentimientos más honestos y profundos los plasmo mejor en papel que una conversación. Cuando en palabras busco transmitirlo, lo pienso muy bien antes de hablar, pero nunca hilo lo que pensé y planee contra lo que termino diciendo, pero esa es otra historia. La cosa es que cada que me molesto con ella, cuando me echo al llanto ficticio porque no ha reaccionado de la forma que yo espero, a cada que me diga que no volverá, cuando me echo al llanto real después de una fortuita coincidencia entre un texto oportuno de ella y una cinta melosa, a cada que se me hinche un huevo sentir algo por ella tendremos un par de párrafos hilarantes y sosos como estos.

En conclusión, a salvo que ella sea buena editora y me inyecte de sensaciones premeditadas para que las plasme de forma ordenadas en un wordcito, mi libro seguirá siendo notas confusas y prescindibles de un blog.

ah! cierto. ¿cómo no ser un buen escritor? no tengo idea. Creo que eso solo lo saben los escritores, incluso los malos


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