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domingo, julio 25

Quisiera


Quisiera ser mas como florentino, y menos como el Gabo, quisiera saber capturar en un instante la tibia exhalación de tu boca, y reproducirla en mil párrafos diferentes cada noche, quisiera ser objeto de tu contemplación, y que al encontrar mis ojos, los esquivaras, como cuando hablas de algo importante.
Quisiera... quisiera amalgamar mi letra, a mi inefable enamoramiento y estrecharte en deseo, en una violenta concatenación de tu cuerpo a mi pensamiento. Quisiera que la certeza de tu compañía me agobiara. Quisiera que sintieras mis manos a cada pulsación de mi escritura, como delicados golpeteos en tu pecho. Quisiera, escribir en ti cada una de mis palabras, que te atravesaran el semblante y las apropiaras como vorágine de mi espera.

jueves, julio 15

paréntesis.

(...me siento como mi reloj de pared, el que esta colgado en el cuarto. Lo compre hace dos navidades, era un obsequio para mi tía, pero me gusto tanto que nunca lo regalé. Lo tenia justo en la entrada de mi departamento en Torreón. Lo saque de una caja de la mudanza y lo colgué de un clavo viejo en la pared de mi nueva habitación. Siempre marca las tres con veintiún minutos, a cualquier hora del día, cualquier día, sin importar su estado de animo. Siempre son las tres con veintiuno.
Supongo que si le cambiara la pila avanzarían sus manecillas, ¿pero si esta roto?¿si al cambiarle la pila descubro que se ha descompuesto? Entonces sabría que ya no es un reloj, sino un pedazo de basura colgado en mi pared, decorado mi habitación.
Salgo a la calle y siguen siendo las tres con veintiuno, aunque oscurezca. Aunque camine durante dos horas, pareciera que en este momento el tiempo no pasa por mi. He pasado dias enteros entre mis paredes sin enterarme si hay lluvia o sol, si ya es la hora de dormir o de comer. No estoy encerrado, estoy en resguardo, hasta que aparezca algo mejor.)

jueves, julio 8

morelos esq. diego de montemayor.

 Hace casi un mes que me mude a la gran metrópolis, oriundo de una orgullosa y vehemente ciudad pequeña del norte de mi país, renuncie al todo por el nada, como recita la expresión popular y fui poseso por el rotundo temor a ingresar a tan temprano tiempo al túnel infranqueable de la rutina sedentaria y madura. Esa a la que nadie debería escapar, y que según mi madre, es un compendio de decisiones acertadas y un temperamento sólido infravalorado. Mi nueva sede es un macro-organismo, un ser viviente, que respira y secreta, tan grande en ponderación como su extenso territorio, tan inalienable como su misma existencia en la historia de lucha regional. No es la tierra prometida, ni una embestida romántica. Es, por el contrario y por el mismo lado, una desvivencia, un desaprendizaje. Diseñé el script a pocos pasos anteriores a zarpar la desconquista –entendiéndolo como una ganancia del anonimato-sin embargo, dejé la aparición más lucida de los últimos meses de mi vida, a discurrir entre el amenazante olvido, o el incomprensible fracaso. Aquí aparece ella. Perpetua, inmutable, joven. Una mezcla de ingenuidad y gallardía, intempestiva y bramante. El script lo pensé como un ser frágil a los cambios inmediatos, adicto a una constante trasformación, inresidenciable, apetecible al jugar de los dados, de las monedas de cara o cruz, a cualquier azar. ¿Dónde está ella? Aquí mismo, junto a mi pensamiento y a mi desorbitable pasividad. Ella, me enamore de ella en su arropar en una estación ficticia, de plástico intransigente. La vi en la plaza, otra vez en la plaza, y de nuevo en la plaza. El sitio más encantador y polifacético del planeta cuando es privilegiado con su presencia, la de la quebrantadora pasividad. La que me vuelve frenético, soñador o dócil con un ademán. No, en definitiva no es mi redención, sino mi fanaticada, mi abnegado aprecio, por una pieza tan única, tan errónea, tan perfecta. De comisuras cerradas, ojos profundos, silueta tallada y pelaje húmedo.
La recuerdo sonriente, y consecuentemente en los hechos y tiempos, frases como, ¿la nueva ciudad es para siempre? Y mi casi quebrantable ferocidad, ahincando la respuesta. Nunca me pidió que me quedara, nunca me pidió que me marchara. Más me ahondo en la más única e imperturbable ilusión. Contemplo su mórbida eternidad. No es tu enigmático sexo, o tu vigorosa aparición, no son mis extralimitadas añoranzas, ni mi sinvergüenza exaltación, por lo bellamente corroído. No es tu piel, ni tu cadencia, tu trato afable, ni tu mísera incondescendencia. No es tu arrojo, ni tu dulzura. Eres tú, completa, no de medula a glándula, no sanguínea y conmensurable. Tú, la dócil voz, el impetuoso espíritu, tu constante ausencia, tu apacible y demoledora mirada, tus marcas de desvelo, tu monstruosa compatibilidad al borde de una blasfemia. Tu cálido e irrenunciable llamado, tu eternidad, Tú. Mi desvergonzado y alarmista animo, mis ansias de devorarte, mi especulante espera. Tu anomalía y tu indispensable existencia

(fragmento)

Escribo, para que tal vez no lo entiendas, para que no notes mi añoranza, para que lo leas y acaricies con una mueca mi recuerdo.