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domingo, octubre 18

Who is calling?





Several times I saw the snow falling into the gray carpet. Tonight looks so different. It’s only snow, but not a charming snow. There is not kids looking around and keeping balls in his coats. I can’t delimit darkness between night and storm.

I’m not afraid, it a kind of curiosity. I walk across the snow, and my boots don’t leave any sign in the yard. I keep walking, not even cold air stop me. I feel how my body it’s getting cold, I move so slowly. Then, the freeze it’s around my fingers, my face it’s getting soft and wet. I lay down in parts. The night is over me.

Late, in the morning, two childs make snowballs of my body and throw up at the trees and cars parked. They took all my cold members and dispersed them in few hours. I start to feel warm, the sun its calling just in the corner. Soon, I run as water across the street.

domingo, agosto 9

La generación de la Post-violencia



A raíz de una reseña en una revista culturosa que hicieron de una novela colombiana que aborda el tema de la post violencia en las tierras cafetaleras, un tema abordó por completo mis fantasías cotidianas: La post-Violencia.


Tengo la fortuna de haber nacido en el norte de México, en una de las ciudades que mayor sacudida recibieron por parte de la guerra contra el narcotráfico en nuestro modelo de sociedad y estilo de vida. Balaceras, Uniformados y homicidios violentos se volvieron una constante en el día a día de quienes residimos en la ciudad. Aprendimos a vivir con estos hechos que causan alarmas en otras sociedades. Supimos minimizar los riegos e integrar restricciones al quehacer cotidiano. Tanto como si tuviéramos pescadores o mineros en la comunidad, dicho esto de la forma más injusta posible, pues los criminales no deberían tener cabida en nuestra comunidad.


Fueron años difíciles que todos podemos contar, pero ya poco lo hacemos. Algunos emigraron otros se quedaron y lo hemos guardo como un capitulo poco memorable de nuestra historia.

La generación que vivió estos hechos veríamos como atípico que en otras ciudades se sorprendan por los actos y a través del tiempo dejaron sesgos que irremediablemente formarán parte de nuestra identidad.

Aun cuando la violencia no ha cesado en la región, ya lo vemos como historia. Esto afecta nuestra forma de convivir. Es fácil reconocer a un lagunero en tierras extrañas cuando se lanzan fuegos pirotécnicos o escuchamos el estruendo de una motocicleta, un rayo o algún sonido grave y seco en la lejanía. No cunden alarmas al ver al ejército en la calle y las armas no nos impresionan fácilmente. ¿Cuál es el escenario en el que dejemos atrás este holocausto cuando el furor de nuestras vidas nos ubique en otros proscenios, lejos de la plática común de desmembrados, colgados y levantados?


Con aires esperanzadores, deseando un futuro con mayor certeza me pregunto ¿Cómo seremos en 10 o 15 años? ¿Cuándo los estragos de las estrategias políticas nos ubiquen en otros tópicos? ¿Por qué marcharán los universitarios? ¿Qué micro campañas de protesta de pseudoactivistas inundarán las irracionales redes sociales? ¿Cómo educarán a sus hijos que si tendrán acceso a la vida nocturna y que no conozcan, salvo por libros, los retenes criminales?


Fácilmente la mitad de ustedes, quienes lean este texto – cinco o diez personas— podría debatir mis quimeras de una ciudad sin violencia. Hoy me siento intrigado por la generación post-violencia y cómo sabrémos dar vuelta a una página de abusos, de miedo y paranoia.

domingo, mayo 31

Cómo no ser un buen escritor

Siempre he soñado con escribir un libro. Plasmar mis sentimientos en papel y dejar alguna huella de que existí en este planeta. Algo que aparezca en google al tipear mi nombre.
El problema reside en dos importantes fallas. La primera, que no soy escritor. No poseo, más allá de mis lecturas regulares, una instrucción literaria que permee en el buen escribir, en el sentido de estructura, contenido y forma. Esto no es un impedimento, una tercera parte de los libros publicados por editoriales comerciales fueron escritos -o al menos dictados- por personas cuya educación literaria, en términos rigurosamente académica, es casi nula. Aun cuando publiquen ficción o novelas.

La segunda razón por la cual no he logrado cumplir mi cometido se refiere al temple. Soy incapaz de imponer mi imaginación, mis ideas, mis notas -incluso- sobre mi estado anímico. Cuando tengo un accidente/incidente que infiere fuertemente en mi emocionalidad, por pequeño que parezca, termino atropellando la historia con los dramas de mis afectos -de mi afecto, dicho con menos cobardía. Sí, de ella en específico.- y si era un cuento burlón o cualquier otra historia termina siendo un tipo triste tipeando en una maquina escritora más o menos a esta hora, con el cigarro a medio encender y con la misma camisa que me he puesto hoy.

Lo contradictorio de esta revelación es que solo cuando estoy, en la posición menos óptima con ella, cuando menos me sonríe ella, más productiva se vuelve mi inexistente obra. Mis sentimientos más honestos y profundos los plasmo mejor en papel que una conversación. Cuando en palabras busco transmitirlo, lo pienso muy bien antes de hablar, pero nunca hilo lo que pensé y planee contra lo que termino diciendo, pero esa es otra historia. La cosa es que cada que me molesto con ella, cuando me echo al llanto ficticio porque no ha reaccionado de la forma que yo espero, a cada que me diga que no volverá, cuando me echo al llanto real después de una fortuita coincidencia entre un texto oportuno de ella y una cinta melosa, a cada que se me hinche un huevo sentir algo por ella tendremos un par de párrafos hilarantes y sosos como estos.

En conclusión, a salvo que ella sea buena editora y me inyecte de sensaciones premeditadas para que las plasme de forma ordenadas en un wordcito, mi libro seguirá siendo notas confusas y prescindibles de un blog.

ah! cierto. ¿cómo no ser un buen escritor? no tengo idea. Creo que eso solo lo saben los escritores, incluso los malos


domingo, mayo 24

Cuento: Gotas contra la soledad de Etgar Keret

Gotas contra la soledad



un cuento de Etgar Keret

Mi novia dice que alguien en Estados Unidos ha inventado una pastilla que hace que no te sientas solo. Lo oyó ayer, en la cápsula informativa Sesenta segundos
de la emisora del ejército, y ya le está enviando una carta urgente a su hermana para que le compre un cargamento y se lo mande por correo. En Sesenta segundos dijeron que en la Costa Este la venden en todos los comercios y que en Nueva York  ya ha causado furor. Viene en dos presentaciones: en gotas o en aerosol. Mi novia lo ha pedido en gotas, porque puede que no se quiera sentir sola, pero lo que no quiere es dañar la capa de ozono.

Las gotas te las echas en el oído y al cabo de veinte minutos dejas de sentirte solo. Actúan químicamente sobre no sé qué zona del cerebro, habían explicado por la radio, pero mi novia no lo había entendido bien. Porque no es que sea precisamente Madame Curie, mi novia, y yo hasta diría que es un poco boba. Se pasa el día sentada pensando en que le voy a ser infiel, que la voy a dejar y cosas así. Pero yo la quiero, la quiero con locura. Cuando vuelve de la oficina de correos me dice que ahora ya puede dejar de vivir conmigo. Porque las gotas, tarán-tarán, van a llegar pronto y ya no le va a dar miedo estar sola.

- ¿Dejarme? - le digo -. ¿Por unas gotas? ¿Cómo es posible?

Pero si la quiero, la amo con locura.

- Vete, si quieres - le digo -, pero quiero que sepas que ni esas asquerosas gotas para los oídos ni ningunas otras te van a querer como yo te he querido.

Lo que sí es verdad es que las gotas de los oídos no le van a ser infieles. Eso es lo que ella dice, después, se va. Como si yo sí le fuera a ser infiel.

Ahora ha alquilado una buhardilla en Florentín y todos los días espera al cartero. Yo, por mi parte, no tengo ninguna relación con el correo, no me emociona, y es que no tengo amigos en el extranjero que me manden cosas. Si los tuviera, hace ya tiempo que habría ido a visitarlos. Habría salido a tomar unas copas con ellos y les habría contado mis penas. Los abrazaría mucho y no me avergonzaría de llorar delante de ellos y todas esas cosas. Podríamos estar juntos años, pasarnos así la vida entera. De la manera más natural, como siempre se ha hecho, muchísimo mejor que con unas gotas.

sábado, mayo 23

¿Cómo destruir una vida?



El humano destruye. Siempre he creído que somos mejores destruyendo que construyendo ¿por qué? Porque es más sencillo y divertido. Construir es frustración, es esmerarte durante años para obtener las vivencias, la experiencia y los conocimientos necesarios para comenzar a tallar la madera. Todo a espera de que los miopes que nos rodean entiendan el real significado de nuestra obra. Esperando a que no seamos tachados de ostentosos o pretenciosos. Esperando que un sabelotodo no señales nuestras faltas técnicas, los errores de ejecución ni los aspavientos amorosos que raspan nuestras obras.

Partiendo desde la destrucción como el embrión de toda construcción, es necesario destruir todo en la vida. Las redes familiares, amistades, trabajo, los conocidos, las propiedades y todas las pertenencias. Debemos destruir los ideales los juicios, las pretensiones, los anhelos y sueños –que son los más complicados– los planes y la identidad misma. Destruyamos los recuerdos, las memorias, en especial las felices, borremos todas las palabras de amor, las cicatrices no visibles y las metidas de pata.

¿Ya no queda nada por destruir? Busca en cajones y gavetas cualquier artículo que podamos quemar, hagamos una fogata en medio de la alcoba y vaciemos las cartas, fotos, tickets de viajes, playeras de conciertos. Piensa que estás tratando de borrar todo rastro que delate que exististe en esta civilización. Ahora estás listo para volver a empezar.

Ahora comencemos a reconstruir todo. Busquemos a los amigos, a la familia y tratemos de recuperar el viejo empleo. Une las piezas que queden de tus propiedades. Vuelve a creer en tus ideales y sueña en tus sueños. Toma las cenizas de la fogata y trata de unir nuevamente las cartas y fotografías.

¿Cuánto pudiste recuperar?

Acá quedan dos valiosas lecciones que aprenderás de la forma equivocada. La primera se refiere a lo obvio. Nunca destruyas lo que amas, porque jamás volverá a ser lo mismo. Trata de no mentir y si lo haces, no lo hagas con dolo. No asumas que las personas saben que las quieres, porque en ocasiones no lo saben. No pospongas los viajes, ni los deseos. Las oportunidades se ven más grandes cuando se van que cuando llegan.

Segunda lección, si seguiste mi estúpido consejo y lo destruiste todo, ahora eres más libre. Las cosas que pudiste recuperar permanecerán siempre en tu vida, todo aquello que se hizo pedazos no te hace falta, de otra forma te hubieras ido con ese “algo” ahora hecho pedazos que solo representa una carga en tu vida.

Soy Enrique Sierra "El destructor" del Barrio.

miércoles, enero 14

El boleto de avión que no ha comprado

Toda tu vida te has dirigido como lo manda el libro no escrito de comportamientos antisociales, intelectuales y artísticos para los nuevos revolucionarios. Así te lo enseñó la facultad de ciencias políticas y sociales, el tipo revolucionario que te contó de Chiapas, de Oaxaca y de nuestros pueblos autóctonos desprotegidos. Eres así porque Palomas no se vende a televisa, porque tú no le crees a los diarios y eres critico para cuestionar. Porque entiendes la magia de Cortazar y de Samperio pero te tatuarías en las nalgas los nombres de Fadanelli y de Bukovsky. Sabes hablar del gran cine mexicano, porque tú sabías quien era Iñarritu, del toro o Cuaron- y sabias diferenciar entre Carlos y Alfonso- antes de que Harry Potter, hell boy y babel. Sabias que el negro era ciego y que Guillermo prieto veía por él.
Tú encabezaste las marchas antes de que cualquier retrasado se gritara libertador, odiabas al imperialismo antes del Iphone. Regalabas comida a fuera del mc donalds para que la gente no se envenenara. Ahora los juzgas.

Tú creías que el mundo aún era un bello lugar para vivir, hasta que la conociste y se te olvido tu nombre. Cambiaste el calzado, los pantalones y la sueños. Te sentiste viejo y trataste de hacer dinero. No pudiste y te largaste a una oficina. Tampoco pudiste. La buscaste y ella se dejó encontrar sabedora que un sabueso, como tú, siempre buscará a su amo. Ojalá te dejara. Y te deprimas de nuevo y no olvides que los humanos son cosas horribles en las que no puedes confiar. ¡ah! ¿ya lo sabes? Entonces explícame ¿por qué si lo sabes casi todo de la vida, no tienes puta idea de como debes vivir tu vida? ¿ah? no te escucho muy bien.

Te tengo una noticia, no morirás pronto y tendrás que enfrentarte a los peligros de estar vivo y a la monotonía y al paso lento de los días. En muchos años envejecerás y estarás en la posición que más odias, contemplando otras vidas.

fragmento.