
El humano destruye. Siempre he
creído que somos mejores destruyendo que construyendo ¿por qué? Porque
es más sencillo y divertido. Construir es frustración, es esmerarte
durante años para obtener las vivencias, la experiencia y los
conocimientos necesarios para comenzar a tallar la madera. Todo a espera
de que los miopes que nos rodean entiendan el real significado de
nuestra obra. Esperando a que no seamos tachados de ostentosos o
pretenciosos. Esperando que un sabelotodo no señales nuestras faltas
técnicas, los errores de ejecución ni los aspavientos amorosos que
raspan nuestras obras.
Partiendo desde la destrucción
como el embrión de toda construcción, es necesario destruir todo en la
vida. Las redes familiares, amistades, trabajo, los conocidos, las
propiedades y todas las pertenencias. Debemos destruir los ideales los
juicios, las pretensiones, los anhelos y sueños –que son los más
complicados– los planes y la identidad misma. Destruyamos los recuerdos,
las memorias, en especial las felices, borremos todas las palabras de
amor, las cicatrices no visibles y las metidas de pata.
¿Ya
no queda nada por destruir? Busca en cajones y gavetas cualquier
artículo que podamos quemar, hagamos una fogata en medio de la alcoba y
vaciemos las cartas, fotos, tickets de viajes, playeras de conciertos.
Piensa que estás tratando de borrar todo rastro que delate que
exististe en esta civilización. Ahora estás listo para volver a empezar.
Ahora comencemos a reconstruir todo. Busquemos a los
amigos, a la familia y tratemos de recuperar el viejo empleo. Une las
piezas que queden de tus propiedades. Vuelve a creer en tus ideales y
sueña en tus sueños. Toma las cenizas de la fogata y trata de unir
nuevamente las cartas y fotografías.
¿Cuánto pudiste recuperar?
Acá
quedan dos valiosas lecciones que aprenderás de la forma equivocada. La
primera se refiere a lo obvio. Nunca destruyas lo que amas, porque
jamás volverá a ser lo mismo. Trata de no mentir y si lo haces, no lo
hagas con dolo. No asumas que las personas saben que las quieres, porque
en ocasiones no lo saben. No pospongas los viajes, ni los deseos. Las
oportunidades se ven más grandes cuando se van que cuando llegan.
Segunda
lección, si seguiste mi estúpido consejo y lo destruiste todo, ahora
eres más libre. Las cosas que pudiste recuperar permanecerán siempre en
tu vida, todo aquello que se hizo pedazos no te hace falta, de otra
forma te hubieras ido con ese “algo” ahora hecho pedazos que solo
representa una carga en tu vida.
Soy Enrique Sierra "El destructor" del Barrio.