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miércoles, junio 30

Bitacora #2

La Luz tibia de las candilejas sobre paseo sin nombre, los poros húmedos, y la ropa seca a pesar de la lluvia. Mis zapatos destruyendo la cadencia en que las gotas precipitantes concatenan, con los diminutos océanos, en los huequitos del asfalto. Alegrando el letargo de la bolsa de galletas olvidada bajo la banca, el viento le concede la pieza no bien tocada, en la que participa la estridente gotera del estanquillo, el salpicar del neumático, y mi intermitente respiración.
Faltan aún seis cuadras. Faltan aún, siete suspiros, diecinueve muecas. Ya debes estar revuelta por las ansias, contemplando fijamente mi llegada, debes ya haberte arrancado a jirones la blusa. Casi te imagino, en la esquina de la cama, abrazando tus piernas besando con tu mejilla el corrugado de la rodilla, con tu cabello negro pendiendo como cortina hacia tus costillas. Vistiendo tu sonrisa, que combina perfectamente con tu ropa ligera de cama.
La puerta de mi departamento grita mi llegada, arrojo el maletín junto a la caja que se cree perchero, pise -sin quererlo- la sala, compuesta de una alfombra sucia y tres cojines con aún menos suerte.
Perdoné la vida de la cucaracha -que jugaba en la cocina- por la premura de abrir imponente la puerta de la alcoba. Puse la Palma firme al centro, y con gran fuerza la empujé, se me dibuja la sonrisa al ver la cama, me acerco silencioso, cauteloso, acechante, encajé la rodilla en el colchón, me deslice lentamente hasta el lugar preciso donde debería estar tu piel dura, donde debería estar... Otro día más.
Que olvide que no te resguardo en mi cama. Disco mi número favorito y descubro tu voz, me regalas un silencio y vuelves a aparecer en la orilla de la cama, con tu ropa ligera, y tu mejor sonrisa. Como cada noche, como ninguna otra noche.

lunes, junio 21

Abacería

La plaza completamente poblada de ausencia, el verde árbol, perfectamente enfilado al igual que sus doce o quince compañeros, contemplándolo, dudándolo. Él, esquivándolos con la mirada, apenas si alcanza a ver el asfalto contenedor de la plaza.
El sol, es redentor al filo de la abrumadora tarde, los mosquitos rondan, acechan y muerden, el sudor brota, desde las ropas hacia los poros de él, quien impaciente espera se rompa el culto.
- ¿A que hora llega? se pregunta- y con tan solo unos minutos de retraso, se incomoda, alarga el cuello, achica las uñas con los dientes.
Luís esta esperando, no desbordado como las ansias de la primera vez, cuando la conoció, aquella cuando en la estación, desarmado, veía el teléfono, contemplaba el rededor, se subía a una banca para ver mas, le llamo con el pensamiento cada 19 segundos, se desplomaba en sudor, sudor no de verano, de ansiedad, le sacudían las manos, encendía un cigarro y casi al instante lo arrojaba -voy a oler- se llevo goma a la boca para disimularlo, arranco unas hojas y se quedo a esperar. En la estación, su aletargo fue por treinta, o cuarenta minutos, quizá dos días, al menos a el le pareció así, una eternidad de instantes para su llegada. Ana es bella, es espontánea es un mar en medio de la tormenta, arrojado, intempestivo, desprovisto de cualquier pronostico, veintinada años, con ojos profundos surca el silencio, transgrede la estabilidad, el encierro. Se conocieron sin atención, y con la misma despreocupación se tropezaron. Un día la tomo de la mano, pensó que solo la llevaría al otro extremo de la calle, y cuando pisaron la acera, el ritmo del corazón ya no era el mismo.
... La plaza parece imperturbable, a su espalda escucha pisadas, hojas secas, Luís volvió la vista esperando fuera ella, y solo encontró un par de perros olfateando entre los lacerados troncos de la plaza. la tarde avanzo pocos minutos, y escucho de nuevo ruidos, ya no volvió la vista, hasta que estuvo muy cerca, ella había arribado, La contemplo algunos instantes hasta pegarse completamente a el, en un sutil, tierno y cotidiano beso.
-¿Me esperaste mucho?- Le pregunto Ana con su constelada sonrisa.
-No, recién llegue- Le mintió amablemente, aunque el mismo Luís sabe, que sus mentiras son jocosas imposibilidades, jamás habría de ocultarle algo a Ana, sin que ella lo oliera en el instante, en parte el era mal mentiroso, en parte ella conocía sus parpadeos. Era, Luís y Ana.



Borrador #uno

lunes, junio 14

Lunes

Mi diario

La luz, el teléfono, los minutos, el cepillo de dientes, la ducha, los huevos, jeans, ruta 209, el metro, la chica me saludó, el corporativo, mi identificación, la platica innecesaria, paseo de los leones, el sorbo de agua, la agencia, el director, el casting, vestidos, documentos, mi firma, el teléfono, mi ex-jefe y hoy colaborador. La avenida, el metro, ruta 209, edificio, escalera, puerta, estufa, arroz, soccer, súper, plato, detergente, cigarro, cama, televisión, videojuego, ella, mi teléfono, su numero, su voz, mi sonrisa, mi añoranza, los planes, su madre, su adiós. Mi compañero, la televisión, la charla, invitados, su música, mi pensamiento, ella, mi pluma, la servilleta, el bote de basura, mi pensamiento, ella, mi pluma, ella, la hoja, ella, mi sonrisa, mi pluma, ella.

Página #2.

martes, junio 1

Litosfera

Al espejo.

Treinta y nueve minutos con una hora, ciento cuarenta y cuatro horas, y tres días. El inefable silencio de la noche me recuerda la montaña. Veo la montaña con el asombro de un niño que no conoce mundo, que descubre la inmensidad, que obtiene su primera noción de lo inmortal. Trepo alto hasta que siento miedo, no miedo a caer, si no por el contrario, ha seguir subiendo y nunca detenerme.
Me siento en la cúspide, abrazo mis rodillas y siento tu sonrisa, me acaricia un instante tu aroma, parece que el aire lo trae hacia mí. No siempre te tengo en el pensamiento, no siempre me despierto deseando tu voz. Me falta el aire, no es la altura, no es tu inmensurable existencia. No es la realidad.