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sábado, mayo 23

¿Cómo destruir una vida?



El humano destruye. Siempre he creído que somos mejores destruyendo que construyendo ¿por qué? Porque es más sencillo y divertido. Construir es frustración, es esmerarte durante años para obtener las vivencias, la experiencia y los conocimientos necesarios para comenzar a tallar la madera. Todo a espera de que los miopes que nos rodean entiendan el real significado de nuestra obra. Esperando a que no seamos tachados de ostentosos o pretenciosos. Esperando que un sabelotodo no señales nuestras faltas técnicas, los errores de ejecución ni los aspavientos amorosos que raspan nuestras obras.

Partiendo desde la destrucción como el embrión de toda construcción, es necesario destruir todo en la vida. Las redes familiares, amistades, trabajo, los conocidos, las propiedades y todas las pertenencias. Debemos destruir los ideales los juicios, las pretensiones, los anhelos y sueños –que son los más complicados– los planes y la identidad misma. Destruyamos los recuerdos, las memorias, en especial las felices, borremos todas las palabras de amor, las cicatrices no visibles y las metidas de pata.

¿Ya no queda nada por destruir? Busca en cajones y gavetas cualquier artículo que podamos quemar, hagamos una fogata en medio de la alcoba y vaciemos las cartas, fotos, tickets de viajes, playeras de conciertos. Piensa que estás tratando de borrar todo rastro que delate que exististe en esta civilización. Ahora estás listo para volver a empezar.

Ahora comencemos a reconstruir todo. Busquemos a los amigos, a la familia y tratemos de recuperar el viejo empleo. Une las piezas que queden de tus propiedades. Vuelve a creer en tus ideales y sueña en tus sueños. Toma las cenizas de la fogata y trata de unir nuevamente las cartas y fotografías.

¿Cuánto pudiste recuperar?

Acá quedan dos valiosas lecciones que aprenderás de la forma equivocada. La primera se refiere a lo obvio. Nunca destruyas lo que amas, porque jamás volverá a ser lo mismo. Trata de no mentir y si lo haces, no lo hagas con dolo. No asumas que las personas saben que las quieres, porque en ocasiones no lo saben. No pospongas los viajes, ni los deseos. Las oportunidades se ven más grandes cuando se van que cuando llegan.

Segunda lección, si seguiste mi estúpido consejo y lo destruiste todo, ahora eres más libre. Las cosas que pudiste recuperar permanecerán siempre en tu vida, todo aquello que se hizo pedazos no te hace falta, de otra forma te hubieras ido con ese “algo” ahora hecho pedazos que solo representa una carga en tu vida.

Soy Enrique Sierra "El destructor" del Barrio.

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