Ser un agente de cambio es mucho más que marchar y gritarles improperios al régimen. No basta con pintarse de amarillo y correr desnudo por las calles para cambiar el mundo.
Hoy en día, el tema de moda es la revuelta estudiantil de jóvenes contra un candidato presidencial, acto seguido de la excitación en las redes sociales y la respuesta de sociedad en conjunto. No obstante la manipulación del evento a manos de los terroristas políticos. Es cierto, es una exageración el término, pero de eso se disfrazaron los adversarios políticos tratando de atribuirse el episodio. Algo similar al penoso 9/11 en el que Al Qaeda se proclamaba, desde medio oriente, gestor del duro golpe asestado contra el imperio.
Aquí se discute menos y más, menos honor, (que nada debería de haber honorable en el homicidio de decenas de personas, pero lo hay) y más vergüenza nacional, por merecernos esos candidatos tan pequeños en medio de cráteres tan grandes en los que se encuentra inmerso el país.
Las redes sociales burbujean de actos intolerantes, de ataques clasistas y discriminatorios entre los afiliados de distintas carreras políticas, imitando la línea de acción de sus líderes electorales.
Ahora no basta con ser un ciudadano honesto, orgulloso de su país y respetuoso de los códigos de convivencia. Ya no es suficiente pagar tus impuestos, esforzarte en tu trabajo y tender la mano con gentileza a tus coterraneos. Hoy en día, según un puñado de nuevos revolucionarios, tú eres el enemigo. Si no te envuelves en la guerra sucia, si no mal gastas tu mañana alterando el orden público (porque estás muy ocupado teniendo un empleo que paga la renta) y no señalas a "los otros", a los que no piensan como el movimiento, entonces estás contra el movimiento, estás contra tu país.
La desinformación es uno de los gestores de está revuelta sin ideales. Se enaltecen de repudiar los medios electrónicos y ahora siguen las redes sociales como biblias. Hay una completa creencia dogmática en las publicaciones y displays de facebook. El rumor se esparce y crece está carencia de información de la que se aprovechan los políticos no Oficiales, con discursos de persecución, de supuestos, de conspiraciones.
Hemos olvidado que los problemas están enraizados en los actos de todos y cada uno de nosotros, en la falta de valores cívicos, en el respeto a nuestra sociedad y los códigos de conducta. De nada nos sirve un presidente del cambio verdadero, si seguimos obteniendo jugosas recompensas personales de la deshonestidad y los abusos de los bienes nacionales; si el poder es un trampolín al beneficio personal y no un servicio a nuestro país.
Si ser un revolucionario, implica abandonar el respeto a los demás, no cumplir con las leyes y segregar a los grupos sociales más lastimados, entonces hoy he cambiado de bando y me he vuelto conservador.








