Desee decir tantas cosas, pero la cordura me inhibe. Quería publicar un millón de sensaciones pero debía guardar silencio, así que infiel detractor de estos espacios. Me uní, para sensibilizarme un poco.
¿Lo ves? Una vez más me estoy justificando por haber abierto este espacio, es más fácil hablarte cuando no me escuchas, y cuando tengo la certeza que no lo harás, pero en lugar de pegarle de gritos al espejo sobre mi colchón, prefiero, cual botella al improperio del mar, enviar un mensaje, deseando hipócritamente llegue a ti. Para justificar mis actos, "El mensaje lo envíe, si no lo leíste... ya no es cosa mía".
La verdad es que te extraño, me parece ingenuo, cuestionarme si tu también. Pocas ocasiones me he sentido tan lacerado como hoy, el ego se fue a dormir un rato, y me dejo pensando en mí. En la ilusión, en la falta de compromiso conmigo mismo, es menester, comenzar a escucharme, respetar mi voluntad, mi deseo, mi anhelo ante cualquier bandera. Me la paso contemplando tus desvaríos, tu poca consideración, tu eterno va y ven de impulsos,-al menos espero así sea, para no culpar a tu edad llamándote inmadura, si no a tu mordaz personalidad - "[...] hoy lo deseo con cada célula de mi cuerpo y quizá mañana lo odie, en este instante estoy asqueada, pero tal vez quiera comerme un caballo". Impulsos, concatenación con tu simio, a veces pareciera que el hombre -como especie y no genero- querer regresar al árbol de donde bajó.
Quiero decirte tanto, y que me escuches tan poco. Te grito improperios bajo el agua para que no me escuches, casi no te conozco y te concibo en el primer y ultimo suspiro del día.
Recién, elimine un párrafo que había escrito, un juego de palabras, que nada tienen que ver contigo, ni conmigo, palabras para adornar el pálido fondo. Letras para endulzar la redacción... ricas, valiosas... palabras de abolengo, bellas, lujosas, pero innecesarias.
Ahora se que quería decirte, pero... en que contexto lo envuelvo para que el candor de mis palabras, lo lleven a tu compresión en su mayor plenitud, para que te mojes de empatía, para que comprendas por qué lo escondo en este sitio, esperando nunca lo encuentres. Y continuo con mi interminable vicio de recurrir a un discurso completamente innecesario, antes de sentenciar la oración.
Entonces ya no voy con preámbulos, ni pompos o platillos, sin cornetas reales, alfombras rojas, o tarjetas de presentación. La verdad me da miedo decírtelo, por que no estoy seguro quien escribe y.... ¡DEBERIA SER YO! ya sin más, eso es todo, no es tu engaño, ni tu desconsideración, ¡¡ni nada!! Es solo eso... yo debia ser quien te subiera a ese autobus. Quien te llorara minutos después de tu partida, quien te prometiera, un casa con cerca y jardín. Yo soy el que debí mentirte y decirte que te esperaría al día en que tus pasos te regresaran por aquí, así no lo había pensado, no debías alejarte con indiferencia... si recuerdo clarito mi script. Ella se va obligada por las circunstancias, prometiendo que un día volverá... ¡claro! La historia clásica, lineal, si mayor conflicto que su existencia misma. Yo debería ser Él, al que hoy añoras, extrañas y recuerdas con una sonrisa a menos de 48 horas de su partida. Yo era el que debía corretear un autobús para detenerlo y pedirte que te quedaras para siempre conmigo, y no tu queriendo arrancarte la piel solo por detenerlo. No lo amas, pero la situación te hace sentir viva, te burbujea la sangre, subleva la ansiedad de no sentir. No es Él... juro que no es... no debería ser Él, debería ser yo.
Escrito# 1