(...me siento como mi reloj de pared, el que esta colgado en el cuarto. Lo compre hace dos navidades, era un obsequio para mi tía, pero me gusto tanto que nunca lo regalé. Lo tenia justo en la entrada de mi departamento en Torreón. Lo saque de una caja de la mudanza y lo colgué de un clavo viejo en la pared de mi nueva habitación. Siempre marca las tres con veintiún minutos, a cualquier hora del día, cualquier día, sin importar su estado de animo. Siempre son las tres con veintiuno.
Supongo que si le cambiara la pila avanzarían sus manecillas, ¿pero si esta roto?¿si al cambiarle la pila descubro que se ha descompuesto? Entonces sabría que ya no es un reloj, sino un pedazo de basura colgado en mi pared, decorado mi habitación.
Salgo a la calle y siguen siendo las tres con veintiuno, aunque oscurezca. Aunque camine durante dos horas, pareciera que en este momento el tiempo no pasa por mi. He pasado dias enteros entre mis paredes sin enterarme si hay lluvia o sol, si ya es la hora de dormir o de comer. No estoy encerrado, estoy en resguardo, hasta que aparezca algo mejor.)






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