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domingo, agosto 9

La generación de la Post-violencia



A raíz de una reseña en una revista culturosa que hicieron de una novela colombiana que aborda el tema de la post violencia en las tierras cafetaleras, un tema abordó por completo mis fantasías cotidianas: La post-Violencia.


Tengo la fortuna de haber nacido en el norte de México, en una de las ciudades que mayor sacudida recibieron por parte de la guerra contra el narcotráfico en nuestro modelo de sociedad y estilo de vida. Balaceras, Uniformados y homicidios violentos se volvieron una constante en el día a día de quienes residimos en la ciudad. Aprendimos a vivir con estos hechos que causan alarmas en otras sociedades. Supimos minimizar los riegos e integrar restricciones al quehacer cotidiano. Tanto como si tuviéramos pescadores o mineros en la comunidad, dicho esto de la forma más injusta posible, pues los criminales no deberían tener cabida en nuestra comunidad.


Fueron años difíciles que todos podemos contar, pero ya poco lo hacemos. Algunos emigraron otros se quedaron y lo hemos guardo como un capitulo poco memorable de nuestra historia.

La generación que vivió estos hechos veríamos como atípico que en otras ciudades se sorprendan por los actos y a través del tiempo dejaron sesgos que irremediablemente formarán parte de nuestra identidad.

Aun cuando la violencia no ha cesado en la región, ya lo vemos como historia. Esto afecta nuestra forma de convivir. Es fácil reconocer a un lagunero en tierras extrañas cuando se lanzan fuegos pirotécnicos o escuchamos el estruendo de una motocicleta, un rayo o algún sonido grave y seco en la lejanía. No cunden alarmas al ver al ejército en la calle y las armas no nos impresionan fácilmente. ¿Cuál es el escenario en el que dejemos atrás este holocausto cuando el furor de nuestras vidas nos ubique en otros proscenios, lejos de la plática común de desmembrados, colgados y levantados?


Con aires esperanzadores, deseando un futuro con mayor certeza me pregunto ¿Cómo seremos en 10 o 15 años? ¿Cuándo los estragos de las estrategias políticas nos ubiquen en otros tópicos? ¿Por qué marcharán los universitarios? ¿Qué micro campañas de protesta de pseudoactivistas inundarán las irracionales redes sociales? ¿Cómo educarán a sus hijos que si tendrán acceso a la vida nocturna y que no conozcan, salvo por libros, los retenes criminales?


Fácilmente la mitad de ustedes, quienes lean este texto – cinco o diez personas— podría debatir mis quimeras de una ciudad sin violencia. Hoy me siento intrigado por la generación post-violencia y cómo sabrémos dar vuelta a una página de abusos, de miedo y paranoia.