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lunes, diciembre 26

Miente bastante



Miente bastante. Miente a menudo para que te sea un recurso natural, para que no te pillen en la mentira cuando necesites hacerlo. Miente como los mejores. Miente como si fueras esquizofrénico,  creyendo profundamente tu mentira. Ensaya los escenarios. Deberás ser bueno improvisando, poco cautivo y fiel al guión. Miente cuando menos lo necesites, cuando tengas frio, cuando necesites algo de plata, cuando no encuentres el camino a casa.
Vuélvete un buen mentiroso y ayúdate de omisiones, de verdades dudosas, de distracciones ineludibles.  Olvida tu paso y construye uno nuevo. Miente a desconocidos en los colectivos y en el cine. Cambia tu nombre a cada que te lo pregunten,  óbvialo en presentaciones, tira todas tus identificaciones, arranca el bordado con tus iniciales a la ropa de cama, que nadie te pueda demostrar que no eres quien dices ser.
Ahora miente acerca de las personas que conoces, juega al escritor y redacta un par de vidas.  Siéntete dios y mata a unos cuantos. Créete una luminaria y habla con familiaridad de un algunos desconocidos famosos y construye escenarios comunes, irónicos y anhélales el espíritu para los ilusos que te lo permitan. Mas trata de ser coherente con tus mentiras, una vez que las cuentas existirán por siempre, es como si pronunciándolas ocurrieran en ese instante. Nunca niegues ninguna de tus mentiras, al contrario aliméntalas y déjalas crecer. Repítelas un par de veces y deja que se deformen a cada hablada. Dales un latido, un ritmo, para que puedan vivir por sí mismas.
Defiéndelas de los sabuesos y de los adictos de la verdad. Quien ataca tus mentiras, te esta atacando a ti. Pelea con tus mentiras de la mano y lanza algunas contra tus detractores, tú eres el dueño de los hilos de las marionetas en escena, tú los puedes volver villanos, mercenarios o idiotas. Vuélvete político, escritor o pescador y ganarás aún más credibilidad, ellos son los  mentirosos más experimentados.
Ahora que eres un gran mentiroso, viaja. Vete a una nueva ciudad. Invéntate una nueva vida, una exesposa, un perro muerto, una casa pobre para cuando pregunten por tus padres que detestas y tu infancia, feliz, pero que la decorarás con un puñado de tragedia para que tengas una excusa por ser un completo idiota mentiroso.  Miente desde el párrafo uno, y cuando lo hayas hecho suficiente, vuelve a mentir , y viaja a una nueva ciudad. Inventa algunos amores por ciudad, y olvida los que sí ocurrieron.
Miente por convicción, por el derecho de hacerlo. Si la verdad nos hará libres, las falacias nos arroparán, jamás nos dejarán solos, estarán ahí siempre.
Cumple 60 o 70 años y cuando te sientas solo, recuerda. Al menos inténtalo, porque con la vida tan miserable que llevaste seguro bebías más de la cuenta para soportarlo. Deja que se entremezclen, que charlen tus lagunas mentales, tus memorias, tus mentiras, las nuevas y las viejas. Ahora que no puedes diferenciar entre lo que pudo suceder o no, sabrás que has hecho un buen trabajo como mentiroso. Habla solo, miente mientras lo hagas. Vas a morir pronto, miente un poco más, más a menudo, que te sea un recurso natural para cuando necesites hacerlo y no te atrapen en medio de una mentira. 

lunes, diciembre 12

Lo memorable de un mal escritor: Francisco Bustos


Heriberto Yépez es Escritor , Crítico y Traductor Mexicano. Estudió Letras Hispánicas en la UNAM.  Ha fundado dos revistas y dos editoriales independientes en México. Ha publicado tres libros de poesía , cuatro de relatos y un libro de ensayos  
Este texto es extraído del libro "Ensayos para un desconcierto y alguna crítica ficción" (Instituto de Cultura Baja California 1998)

Fotografía Heriberto Yépez
Los malos escritores develan el oficio de escribir, porque en ellos todo es grotesco, descarado; transparentan aquello que los buenos redactores han sabido ocultar y sublimar eficientemente. Un mal escritor pone en evidencia a los escritores en general, porque al abortar la escritura, deja los secretos de ésta a la vista de todos.     
                Analizar uno de estos ejemplares no es un descuartizamiento ni una purificación: es una forma de hacer flagrante lo que el hombre trama al escribir. Recientemente, en las rachas de mala literatura que las editoriales sudamericanas desparraman continentalmente, ha sido expuesta a luz pública una edición que conglomera (sin tono de burla) los trabajos de un autor de principios de siglo que tipifica al mal escritor. Su nombre fue Francisco Bustos. Sus allegados han editado los poemas y artículos que dispuso en periódicos y en publicaciones subsidiadas por su engañado ego, junto con cartas y algunas traducciones de relleno. El periodo castigado por su pluma abarcó la segunda década del siglo veinte.
                Sus textos son enteramente insípidos o malogrados, pero resultan examinables por su calidad arquetípica y su semblanza termina siendo sabrosa de tan chabacana. Bustos era de descendencia judía, comenzó escribiendo en España, donde se amotinó en la retórica del movimiento ultraísta. Guillermo de Torre era su falsa adoración. Pío Baroja lo influyó mortalmente. Por Gómez de la Serna estuvo azorado y luego insatisfecho. Posteriormente se dirigió a Sudamérica, donde más fácilmente pudo levantar polvo y amotinarse en vagas escaramuzas. Hasta allá cargó con un número grave de lecturas diletantes que no lo soliviantaron a abolir su condición de manierista. Al parecer, en Argentina tuvo alguna relación con Borges, aunque este episodio es confuso e inverosímil. Cualquier relación entre Borges y Bustos no es más que una anécdota que aprovechan las editoriales para vender los malos libros de un autor coludido a la fuerza con un clásico.   
                En el tránsito de esa década Bustos fue componiendo textos para un libro de poesía pacifista, al mismo tiempo que se estancaba en el tema de las trincheras versificadas. Durante una racha se dedicó a venerar el expresionismo alemán y tradujo a Willhelm Klemm. Sus dos poemas más divulgados fueron uno dedicado al Kremlin y un himno marítimo, gracias al cual fue ubicado como “cantor del mar”. También procuró emplastar prosas poéticas. Su estilo queda evidenciado por estas dos citas: “La Botella lacrada yace entre Témpanos de Hielo en una gran Cubo de Plata con dos Argollas que muerden dos testas rudas de Leones” (en “Paréntesis Pasional”); “Los días son todos de papel azul bien cortaditos por la misma tijera sobre el agujero inexistente del Cosmos” (en “Insomnio”). ¿Habrá que agregar algo?
                Bustos era un percusionista de una escritura que produce empachos. Su credo era la poética extralimitada del ultraísmo que tantos estragos difundió en aquellos años. El ultraísmo a consigna que Bustos y otros ejercieron se trataba de una mezcolanza pedante que retorcía los recursos retóricos de los manifiestos europeos, de donde extraían la metodología y la trama para sus propias deliberaciones. Bustos era uno de esos jóvenes engomados que untaban cárteles en los muros. En México los patriotas estridentistas hacían lo mismo; no por algo en su primer manifiesto, nuestro bienamado autor formó parte de los primeros cinco miembros del directorio estridentista de actualistas dilectos. Su estética se limita a una especie de adaptación americanizada del ultraísmo español, donde se aplicaron las poéticas de la Lugonería y Huidobro con exceso de equipaje. Su poética se derivaba enteramente del creacionismo, pero aun así tenía el descaro de increparlo. Una caricaturización notable hasta para sus artífices. Bustos dice de “Aldea” —uno de sus poemas más ‘logrados’—: “serie de anotaciones... disparatadamente idiotas”. Para calcular uno de sus poemas bastaba que atascara medios renglones con un repertorio sucesivo de metáforas aspirantes. Su principal truco publicitario era esta proliferación. El resto era prolongar este gesto hasta asquear a los lectores y luego vapulearlos. 
                Sus declarados también procuraban la misma gesticulación. Sus principios eran “fabricados en doce días”, según confiesa el mismo Bustos. El propósito de estas fórmulas no era escribir, sino conseguir “escándalos espléndidos”. Bustos fue un vanguardista de pacotilla, meramente profesionalista. Un premeditante. Se congraciaba lesionando a los periódicos con boletines contestatarios donde, obviamente, defendía ferozmente las ideas que en la vida real no le conmocionaban en lo más mínimo. Era oportunista: aunque colectivamente presumía su brillosa medalla ultraísta, en sus cartas lo definía sincerilmente como “pataleo para el cerebro... idiotez estilizada”. Lo importante era contender, estar ensimismado en su ismo sísmico. Sufragar las ideas, improbablemente desarrollarlas. Firmar declarados, emboscar opositores. El archivo familiar registra sus encontronazos pueblerinos con fulanos de nombre Elviro Sanz, Barceló y aun sus tintineos revoltosos contra un tal “Pin”. 
                En la confidencialidad de su correspondencia afirma a un secuaz “En la práctica los dadaístas trampean todo el tiempo, ubican pequeñas acotaciones sexuales para escandalizar a los filisteos”; pero en la realidad se apresura a componer un poema dadaico que redactó agarrado de la mano con otros seis poetas pseudo-sedados, con la esperanza de que fuera contemplado para el muestrario internacional que el capataz Tzara tenía programado. “Por otra parte, ¿te imaginas un dadaísta sin público...?”, continúa ironizando, mientras en otra carta se muestra emocionado porque en Madrid el público aturdió una lectura de sus poemas; la literatura reditúa por los escándalos que provoca. Bustos simplemente literaturizaba, según su propia conjugación. Lo suyo no era una vanguardia sino una imitación del sentimiento de vanguardia. Era un kitschvanguardista.
                Bustos compuso algunos poemarios. Todos son reprobables y bochornosos. En algún momento llegó a publicar un poema, para luego anunciar una prosa novedosa del mismo nombre. Entre los dos textos no había una sola discrepancia, únicamente había cambiado la distribución de los enunciados en forma de versos y luego en renglón seguido. Quizá Bustos supuso que ese tráfico era revolucionario. Su talento mayor se ubica en la reseña amistosa o estrictamente peleonera. La mayor parte del tiempo se reservaba a elogiar a sus cofrades o a sepultar tempranamente a sus contrincantes, tan desconocidos y prescindibles como los de su fuero sentimental. El número de sus reseñas es idéntico a los directorios de las revistas en las que estaba envuelto y al de sus broncas. “He vendido mi alma haciendo un artículo... donde alabo a Torre por lo contrario de lo que ha querido decir”. Doblegaba sus opiniones, porque preferentemente éstas eran intercambiables. En un alegato premuroso anuncia que su ideología letrosa “no es individualista”; para salir airoso de otra reyerta, jactanciosamente la tilda de “individualista”.
                Bustos fue (y en su carrera posterior este rasgo se acendró) uno de esos autores que consuman un estilo que les hace publicidad, hasta terminar mal iniciando a sus lectores. En estos años Bustos hurgaba ese estilo patéticamente. Tener estilo es parodiarse sin malicia, pero con ahínco. Un escritor que posee un estilo se convierte en su propio modelo, y los modelos sólo se pueden seguir para parodiarse; sólo que su aspirante lo hace con tanto fervor como incredulidad. Tener estilo es un defecto que únicamente en unos pocos perseverantes resulta estéticamente provechoso. En el resto resulta masturbatorio, cómico.
                Hay dos apuntes sobre el estilo que muestran y depredan su voluntad de mistificación. El primero proviene de Jerome Rothenberg: “un cambio de estilo no es una revolución”. Con el estilo se apantalla: pero escribir debe ser des-cubrir, no apantallar. No se debe confundir la transacción de la fachada estética de una estructura, con la renovación a ultranza de ésta. Aunque una escritura revolucionaria siempre deviene novedosamente estilística, la aparición de un nuevo estilo no es necesariamente la señal posterior de la previa producción de una revolución legitima. A veces forjar un estilo es la forma de esquivar una subversión auténtica, ofreciendo sólo su apariencia —perpetrándose la sugestión cultural. En el estilo todo es perpetración. El segundo apunte es de Alexandro Jodorowsky: “Aquel que llegó a un estilo y se quedó en él vive auto-hipnotizándose”.
                Bustos no se proponía alterar substancialmente sus materias, sino encubrir con nuevas empaquetaciones el hecho de que todo aquello era ampliamente preexistente. “No pretendemos rectificar el alma... Lo que renovamos son los medios de expresión”. No buscaba renovar realmente, sino simular que decía algo nuevo. Bustos no es memorable, porque todos sus textos los recordamos de otras partes. No es que no sea original, sino que sus textos se reducían a los meros procedimientos que afinaba en ellos. Al escribir nos quiere obligar a reconocer el procedimiento autoimpuesto, y no el contenido remitente.
                Si hay un autor latinoamericano de este siglo, pintoresco hasta la estampa es Bustos, un advenedizo empobrecido por su credo adrede; ultraísta y criollista, pampero e idealista. Filosofante a la primera provocación y extralimitado hasta en lo barroco. Instigador vanguardero y porteño de “falso color local”. La identidad siempre la tuvo indecisa; “Francisco Bustos” nombre de su tatarabuelo, en realidad, fue tan solo uno de los pseudónimos que utilizó un ahora famoso escritor. Nadie, en situación normal, hubiera recobrado y encuadernado sus mediocres textos, y menos —como ha sido— la prestigiosa editorial Emecé, a no ser porque se tratan de los esfuerzos, pinitos y asuetos del joven Borges.
 ©Heriberto Yépez. Febrero 2002

martes, diciembre 6

Los Intelectuales





En un miércoles cualesquiera, el día se encumbró, y con aspavientos, corrió la mañana hasta que cundió la tarde. Ya en la sobremesa, habiendo destazado la labor cotidiana urgente, se volvía una pasmosa calma entre los cubículos, y las voces bajas iban tomando forma sólo interrumpida por ocasionales timbres de teléfonos. Predominaba la charla de moda, el político inepto que ,en plena feria del libro, tuvo una entrevista catastrófica, que le ha causado burlas entre el grueso de la población, adversarios políticos y hasta el soso medio de la farándula  o verdulería de televisión, es igual. 



Hablaban de los chistes que en su honor se han gestado, de la debacle que se le presenta, de su fin como político. No hay nada más errado que los últimos dos tópicos, que en realidad es sólo uno. Si decir tonterías arruinara una carrera política, el ex presidente de México, se hubiera ido un par de años antes del final del sexenio; el político tabasqueño que fuera regente de la ciudad de México, no hubiera competido en 2006 por la presidencia de la republica, menos hubiera repetido la candidatura para el año próximo. Si las metidas de pata arruinaran políticos, el que fuera partido oficial durante 70 años, habría desaparecido antes de que se volviera en nuestra desgracia. 

El ataque a través de medios electrónicos a tan banal suceso, sólo demuestra nuestra poca resistencia a la manipulación. ¿A quien le importa lo que ese galán político lee, o no lee? A mí. Más no hablo escuetamente de la literatura, me interesa saber si lee las cientos de iniciativas de ley que se discutieron durante los seis años que duro su mandato en el estado de México. Me pregunto si ha leído algunas de las miles de misivas enviadas a las diferentes autoridades, de parte de familiares furibundos y tristes, pidiendo clemencia ante la ola de violencia que los azota. ¿Alguien se preguntó si leyó alguna vez la carta magna y sabe, los brutales atropellos que se cometieron en su administración contra pueblos indígenas?

El hecho de que el microblog de 140 caracteres, diga que este político mexiquense no lee, no me divierte, ni siquiera la publicidad absurda de una librería que circula un display de fondo amarillo donde se cuelga del momento, y logra que miles de usuarios lo difundan. Me entristece que las redes sociales estén plagadas de esa violencia, contenida, que surge de la celebración de la desgracia. Es una cadena interminable que sólo ridiculiza a la sociedad mexicana. 

Los duros críticos —que son más oligofrénicos de lo que creen con sus twits denigrantes pero simpáticos— se mofan e indignan por lo aberrante de las respuestas del político, aun cuando jamás hayan leído ni el Ulises de James Joyce, ni el teatro absurdo de Samuel Beckett, ni alguno de los cuatro cuartetos de T.S. Eliot, y son expertos en literatura por haber leído hace 6 meses a Stephen king, a Márquez hace 2 años y haber hecho al menos 5 resúmenes de libros durante el bachillerato. 

Es simple y llana comunicación en dos pasos: la risa elocuente de un tonto, contagia a otro. No importa que en realidad tengamos que hacer algo por el país, y comenzar un nado a cuestas por recuperarlo, no importa. 

Vamos a leer la última de políticos, o de futbolistas o de la tonta de los senos enormes y apellido Conde. Vamos a hablar de estupideces, total, la risa es la mejor medicina para el alma.

viernes, diciembre 2

La pregunta


Una muchacha, mientras agitaba la humedad de su cabello negro, me preguntó incrédula. — ¿Así que tú escribes? —Ante mi casi nula experiencia, fue un halago. Me imaginé en la sala de concierto de Estocolmo recibiendo de las mismas manos de Gustavo de Suecia mi flamante galardón como literato. Generalmente, cuando alguien muestra interés en mis aspiraciones artísticas trato de no pavonearme demasiado ya que un movimiento brusco puede ahuyentar a la victima. Debe ser un sutil manejo y decir dos o tres palabras pretenciosas con ineludible descripción de las mismas, como si consideraras la falta de familiaridad de su léxico. Hablas de los talleres, mencionas algunos tristes pusilánimes locales sin demasiado talento, pero que a diferencia de ti ya han publicado. Relatas brevemente, con una excelsa actuación, alguno de tus textos y para que no parezca definitivo cierras con la frase “Algo así, más o menos... todavía lo estoy trabajando”. Acto seguido, preguntas por las lecturas predilectas del señuelo y hablas con la certeza del momento. Ese manual me ha permitido navegar entre los más incautos preguntones, pero en esta ocasión la chica me dijo — Sí, se ve que te gusta pero ¿Por qué? —

Entonces, me llené la cabeza en un instante decidí que debía hablarle de un sueño de escribir, de lo seductor de la vida de un escritor, de como aunque poco o nada tengas para vestir la ropa más desteñida te etiquetaría de excéntrico, pero eso es lo más banal del epitafio. Debía puntuar la responsabilidad de hablar del mundo, de lo que acontece, de ayudar a que México, a través de sus expresiones artísticas, deje sembrados los testigos de este momento en la historia. De ser referentes para la memoria de las generaciones venideras. Sin embargo, lo que yo escribo no esta ni escasamente dirigido a una denuncia social, ni a la narración de los hechos actuales, son más historias pequeñas que casi no parecen cuentos y se atoran en relatos, pero son cuentos puesto que yo lo he dispuesto, y sobre todo, porque tienen alma de cuento. De temáticas mas sosas encaminadas a deidades femeninas, a largos pasajes urbanos y cotidianos. Cuando hablo, cito viajes y centrales de autobuses, hablo de puestos de fritangas pero nunca de lo que hay detrás de esos puestos ni de donde vienen, y en el caso de abordarlos, son temáticas sumamente locales con signos y significados que solo aluden a quienes conocen el carácter recio de la región.

Cuando era niño, se desbordo el río nazas. El pánico cundió en la población, algunos salían de la ciudad y otros tantos se trataron de proveer de las necesidades mínimas en caso del siniestro. Lejos está aquella venida del nazas, de las actuales experiencias. Atónitos, los comarcanos se agrupan en hordas familiares, para contemplar el tan singular espectaculo del espejo de agua bajo el puente. A mi padre le importaba un carajo, nuestra casa estaba diez o quince kilómetros del río, y para cuando se inundara la mitad de la ciudad, nosotros seguiríamos aburridos sin ver un sólo simulacro. Nunca escribí algo al respecto puesto que no lo viví.

Lo mismo ocurre con lo que escribimos, o medio escribimos, según el caso particular. Tenemos muy arraigada la vida cotidiana y necesitamos un poco más que disciplina para desprendernos. Entonces volví a la pregunta inicial, escribo para contarle de mi vida al mundo que no conozco, o… para contarles del mundo lejos de nuestras vidas, a los que sí conozco. Eso lo aprenderé en el camino, pero "un día llegaremos a América, algún día".

Cómo ser un gran escritor. Bukowski


Charles Bukowski, (1920-1994) Fue un escritor y poeta estadounidense nacido en Alemania. Bukowski fue un autor prolífico, escribió más de cincuenta libros, incontables relatos cortos y multitud de poemas. A menudo es mencionado como influencia de autores contemporáneos y su estilo es frecuentemente imitado.


Tienes que cojerte a muchas mujeres
bellas mujeres,
y escribir unos pocos poemas de amor decentes
y no te preocupes por la edad
y los nuevos talentos.
Sólo toma más cerveza, más y más cerveza.
Anda al hipódromo por lo menos una vez
a la semana
y gana
si es posible.
aprender a ganar es difícil,
cualquier pendejo puede ser un buen perdedor.
y no olvides tu Brahms,
tu Bach y tu
cerveza.
no te exijas.
duerme hasta el mediodía.
evita las tarjetas de crédito
o pagar cualquier cosa en término.
acuérdate de que no hay un pedazo de culo
en este mundo que valga más de 50 dólares (en 1977).
y si tienes capacidad de amar
ámate a ti mismo primero
pero siempre sé consciente de la posibilidad de
la total derrota
ya sea por buenas o malas razones.
un sabor temprano de la muerte no es necesariamente
una mala cosa.
quédate afuera de las iglesias y los bares y los museos
y como las arañas, sé
paciente,
el tiempo es la cruz de todos.
más
el exilio
la derrota
la traición
toda esa basura.
quédate con la cerveza,
la cerveza es continua sangre.
una amante continua.
agarra una buena máquina de escribir
y mientras los pasos van y vienen
más allá de tu ventana
dale duro a esa cosa,
dale duro.
haz de eso una pelea de peso pesado.
haz como el toro en la primer embestida.
y recuerda a los perros viejos,
que pelearon tan bien:
Hemingway, Celine, Dostoievski, Hamsun.
si crees que no se volvieron locos en habitaciones minúsculas
como te está pasando a ti ahora,
sin mujeres
sin comida
sin esperanza...
entonces no estás listo
toma más cerveza.
hay tiempo.
y si no hay,
está bien
igual.

domingo, noviembre 13

México pierde: los buitres de Blake


El segundo domingo de noviembre, es un gran día para los diarios, los columnistas, para cronistas deportivos. Para marcas cerveceras, para detractores de calderón y para el logo PRI estampado en el short de un boxeador iracundo; para los fanáticos de las redes sociales electrónicas y para las expresiones polémicas.

La muerte de Blake

El viernes 11 de noviembre, cuando el mundo se alineó, cuando los relojes marcaban los once minutos de la décimo primera hora del día numero once del año décimo primero del milenio, las redes están allanadas de la gran tragedia, entonces, ya se sabia del trágico accidente, donde perdió la vida el secretario de gobernación José Francisco Blake Mora, en un accidente aéreo.

En el accidente también fallecieron Felipe Zamora sub-secretario de gobernación, José Alfredo García y la srita Diana Miriam Hayton, de comunicación social de la dependencia; así como 4 integrantes de la tripulación del estado mayor presidencial. El trágico accidente ocurrió mientras se trasladaban a Cuernavaca. El peritaje arrojó por motivo, una colisión debido a un cambio en la ruta original y la espesa nubosidad en el trayecto.
Blake mora se suma, lamentablemente, a las suspicacias que rodearon hace tres años la muerte del entonces secretario de gobernación, Juan Camilo Mouriño, en un accidente aéreo en el que se desplomó su avioneta en pleno paseo de la reforma. Los spotlights de la prensa se dirigen inmediatamente a un ataque terrorista, a un asesinato a manos del crimen organizado, levantan una fúnebre tolvanera de suposiciones, relacionando una supuesta detención en los EUA donde un traficante de chicago, declara ser participe en una reunión con Guzmán Loera, en la que se planeo el ataque de una avioneta en el DF.

Publicó el diario vanguardia "hay indicios de sobra para no creer en casualidades ni accidentes" Haciendo alusión a la información publicada por la revista reporte indigo. Está de sobra señala el carácter hipotético y amarillista de las publicaciones. Y es que el público mexicano se ha convertido en no menos que un devorador de información turbulenta y falta de conciencia colectiva, notas que inciten al holocausto, a la psicosis comunitaria. Convirtiendose en una labor casi imposible el mantenernos al tanto de la situación real del país.

En mi opinión, nos hemos desensibilizado. Asumimos cualquier pérdida humana como un costo añadido de la férrea estrategia del gobierno federal y su guerra contra el narcotráfico. Hemos perdido la dignidad del dolor humano. Basta con leer los newsfeed de la red social Facebook, para darse cuenta lo insensato que puede tornarse cualquier publicación, algunas incluso festejando el deceso de Blake Mora.

¿En qué momento nos convertimos en una sociedad carnívora, hambrienta de caos y destrucción? Sin importar, la incompetencia de los representantes de los poderes de la nación, o el rotundo desacuerdo, la vida humana es lo que han pugnado los detractores, y ¿Ahora la deseamos? ¿Acusamos con vehemente fulgor el “robo” de una pelea pugilística, y no alzamos la voz para defender la vida de un mexicano? Cuando una pelea de box despierta mayor adhesión que la perdida de una vida humana, algo, como país, algo estamos haciendo mal.

viernes, octubre 14

y, entonces...

Estaba por crear un universo. Se dispuso a mover los dedos ¿Cual sería el primer peldaño? No hay mundos sin arboles ni ríos, pensó. Creó la naturaleza y la dotó de facultades; añadió animales salvajes y a las orillas decoró con perros domésticos, de rabos altos, moviéndose felizmente al ritmo del viento que ya había dispuesto sobre el nuevo mundo. Movió el anular ligeramente a la izquierda y apareció una cabaña. Volvió a moverlo y apareció otra cabaña. Repitió un centenar de veces el movimiento. Añadió hombres y familias, entonces les enseñó a cuidar a los dóciles caninos. Creó, hijos, primos, sobrinos, abuelos, padres, amantes, enemigos, y objetos para cada uno. Fue concediendo la magia de sus dedos a todos y cada uno, entonces le quedó un dedo. Cuando estuvo a punto de hacer un movimiento, escucho una plegaria ¿Alguno de sus seres, a los cuales engendró, se habría de dirigir a ella? Para qué, se cuestionó. Poseían todo lo que podrían desear, y más de lo que necesitaba. ¿Por qué un ser diminuto tendría que hablar en aras de la divinidad? Escuchó pasmosamente y, al culminar, movió un último dedo. Culminó con el deseo de abogar por un desvalido, de arropar parejas sexuales, de albergar co-dependencia y poder cuidar de un desalmado. Para que justificaran sus errores en voz del aletargo de sentirse profundamente atemorizados del futuro trémulo de su protegido amoroso.

martes, septiembre 27

Instrucciones para besar una mujer


      Es común observar un acercamiento particular entre las parejas, dos personas de sexo contrario o en ocasiones del mismo unen en simultaneidad sus rostros, estrechando los labios con movimientos sincronizados. Esta expresión cultural, el beso, reside en una herencia milenaria en el que se oprimen los labios a impulso del amor o del deseo o en señal de amistad o reverencia.
Para besar es indispensable contar con el consentimiento, en este caso de una mujer, generalmente en pleno uso de sus facultades mentales. Para besar se debe estar físicamente en el mismo sitio: Una plaza, habitación, estación del metro, restaurante. La gama de opciones es variada y depende de la emotividad, de gustos, o hasta del propio azar. 
    Al besar se sitúa frente a frente, pudiendo rodearla con los brazos para justificar la cercanía si la respiración se acelera, las manos sudan o presenta inquietud en el estomago, no debe preocuparse es un efecto colateral del acto se inclina el cuerpo ligeramente en un movimiento lento, de forma tal, que sin importar la complexión o alturas distintas permitan acudir con los labios propios en línea recta hacia los labios de ella.
    Habiendo coordinado la alineación de las bocas, se aisla el exceso de saliva de la boca tragándola a través de la garganta, continua el movimiento del cuello, torso y brazos hasta empalmar los labios, aunque no es una regla, habitualmente, los ojos se entrecierran instantes anteriores a lograr el contacto.
    Separando ligeramente los labios, de forma que puedan embonar en los labios de la mujer, comienza un movimiento intermitente de los músculos de la cara y de toda la boca, de forma oscilatoria, abriéndola y cerrándola tenuemente, tratando de mantener siempre unidos los labios, ayudando con la lengua y los dientes, para acariciar, morder y masajear la boca besada. Para terminar el beso basta con cerrar y desprender con propiedad una boca de la otra en un movimiento lento y continuo. 
    La longitud del beso, depende de una actitud coordinada entre las partes inmiscuidas, pudiendo inferir, agentes externos como el lugar y los transeúntes. Puede el beso acompañarse con caricias de las manos sobre el rostro, los brazos, los senos, piernas y nalgas, en estos tres últimos casos se deberá tener cautela y considerar, el momento apropiado, y el estado anímico  de la mujer.


Nota. Este es un ejercicio literario que emula el texto "Instrucciones para subir una escalera" del maestro Julio Cortázar.


lunes, agosto 1

La última tarde



De alguna forma en que aún no alcanzaba a comprender, esa tarde sería la última. Había concedido en alcanzar un vuelo con veinte escalas, en veinte aeropuertos de veinte lugares que apenas si recordaría. El rumor del viento galopaba entre las puertas del pequeño hangar con maleta en mano y una sudadera color pastel. En espera agobiante, lucía como un cachorro ansioso olfateando entre manos y piernas en busca de algún bocado, sin gruñidos feroces, solo con la impaciencia de un momento que llegaría de un segundo a otro, graduando aún mas una tacita desesperación, en cualquier instante el pasillo se poblaría de piernas, contemplaba la pista y se excitaba con cualquier aterrizaje para después fundir una mueca con una profunda exhalación de desencanto. La primera vez que voló tenía miedo. La segunda vez también tenía miedo.

Era una bailarina, aunque ya no lo hacía, en realidad nunca lo hizo por completo, a pesar de que amaba destrozar sus uñas bailando en puntas, nunca le dio la oportunidad de que fuese el único alimento de su alma, nunca pasó de ser un profunda y devota afición, nunca pasó del intento.

Alcanzará un viejo amor, viejo por que lo profesa muchos años atrás, pero para Ana es un amor vigente, lo profana en llantos cuando nadie la ve, y lo idolatra en sonrisas que percibe cualquiera. Se enamoró como siempre, tomada de la mano, con la emoción en el semblante, con la certeza que todo lo que tenía delante de sí, no existía, ni jamás existirá.


 Esa tarde, la última, Ana se puso el  vestido que más amaba, después, se lo quito. Lo puso en la maleta y se enfiló al enorme estacionamiento donde descansan los aviones después de una larga travesía. La llevaron en el auto rojo que tantas veces condujo, con el parasol roto. El camino fue el más corto que te conduce a cualquier parte, para ella fue enorme, lluvioso, con un gris esplendido debajo de los tibios rayos que señalaban puntos intrascendentes en la tierra pero a la distancia cualquiera vería el dedo de dios. El sol le ardería en el rostro si fuera sobria en los pensamientos. Esa tarde Ana estaba embelezada, todo lucía como una pintura de Cortazar, o un cuento de Leonora Carrington. Podían aparecer seres fantásticos con trajes formales, podía perdonar a casi cualquiera, no necesitaba bailar para expresar al mundo todo lo que tenía que decirle, lo tuvo todo. Esa tarde para Ana, fue la última, la última en que sintió miedo.

domingo, julio 24

Sub-Grupos: Excepciones y sus relaciones internas

 La sociedad es una constante expansión de formas y disciplinas, es una baraja interminable multi-dimencional de una constante transformación. 
Durante siglos de evolución, de cambio, el mundo ha mudado de piel, de colores, de idiomas, de formas y de nombres. Es un ineludible desarrollo de las cosas o de los organismos, por medio del cual pasan gradualmente de un estado a otro. Este proceso natural inmiscuye la posibilidad de arrojar resultados negativos, y conformar individuos con evidentes desviaciones sociales como excepciones a la conducta generalizada del sub-grupo, lejos de las raíces tradicionales de comportamiento donde se suceden las deformaciones, en las extensas copas donde reside la vianda de las mutaciones sociales que resguarda integrantes carentes de agentes de adaptación y subvención, que no siguen las normas de conducta ni las pautas de convivencia, que corrompen, expeditos, las convenciones sociales, desde las expresiones más pequeñas y sustanciales, como el idioma o una apariencia especifica. Individuos claramente rechazados, antipáticos, y con pocas habilidades sociales enfrascados en un modus vivendi que les resulta inalienable.
Estos personajes, adolecen de muestras sensibles hacia expresiones cotidianas, argumentan elegir la mayoría de sus pensamientos, y expresan tener una participación tacita y autoritaria en su educación y en los elementos que convergen  hacia ella. Se empapan a través de filosofías autodestructivas, que convocan a la inoperancia colectiva, a la agitación de los márgenes preestablecidos, que causan, o al menos lo buscan, ahondar con revuelo en cuestiones completamente prescindibles en la causa de los hechos. 
Poco o nada participan en ritos generalizados, en exhibiciones magnificentes de deidades y su apropiada veneración, en las expresiones populares de arraigo chovinista. Como danzas regionales que exaltan los roles de coyunda y propiedad tradiciones en la sociedad contemporánea de referencias historias.

Estos desviados sociales, son relegados constantemente para incitar su sentido de adecuación, invitándolos a reincorporarse al adoptar habilidades mínimas para desenvolverse con naturalidad dentro de un grupo. El líder, o los integrantes con mayor poder de convocatoria, deben ejercer una fuerte presión, exhibiendo rasgos aspiracionales para desarrollar una necesidad de supervivencia social en ellos. Cualquier expresión o cualidad ajena a los intereses colectivos carecen de valor comunitario y será prescindida sin mayor confinamiento. 

Nota del autor: Esta redacción carece de referencias teóricas, solamente tiene fines literarios y de auto satisfacción.



martes, julio 5

Fragmento

  Nunca creyó que hablar fuese necesario, basaba su vida en sensaciones corporales. Como el viento helido que atraviesa el lumbral de la ventana de madera, masticada por los años y finamente decorada con una cortina inmensa de bordes platinados; Como la sinuosa escalera de madera que conducía a su cuarto con sus escalones chillones de roble, con la barandalilla recubierta y ennegrecida por la falta de aseo; Como la dulce luz del corredor que aislaba sus noches, del frío, del temor injustificado y del trémulo asomo de ruidos bajo las maderas que sostienen su cama.

  Se conformaba con ser un llano habitante del vecindario, un buen vecino, sin embargo, esta vez se enfrentaba a una inusual condición. Se sentía Atosigado por el hombre hermético. Practicaba una vigilancia omnisciente sobre aquél sujeto, y al tratar de calmarse se relataba el hecho a sí mismo en busca de ridiculizarlo y denigrarlo al punto en que se vuelva un chiste de poca gracia. Sé que detesta los exteriores, huye del sol redentor de la mañana, del vapor de la tarde, de la ventisca de la madrugada. Lo veía de vez en cuando asomando un trozo de carne por la rendija de la puerta azul, aquella que recibe de frente el atardecer, cuando la ciudad comienza a verterse dentro de las mazmorras familiares. Llamando a su gato tomy, tory, toly... Sí, creo que toly aunque nunca le he visto sé que es un gato, ya que hay un arenero junto al pasillo de servicio y un perro no puede ser dueño de un nombre tan soso.El hombre tiene cubiertas las paredes del interior con plástico o bien celofán, resplandecen los brillos con el sol del mediodía. Después de esto dicho sintió el temor recorrer los nudillos por no saber nada concreto o real acerca de él.El vecino, observó más de una tarde al hombre hermético, sin lograr ver siquiera su rostro o un débil boceto de él. 

  Decidió entonces montar una brava guardia. Clavó con poca pericia la base de un tripie al ventanal del ático, que para efectos prácticos yacía justo en línea profunda con la ventana de aquel hombre, que sin así saberlo, le robaba la tranquilidad. 

  Pensó para si, sabes lo poco moral, lo falto de buenas costumbres y atroz falta que infiere esta completo allanamiento de su espacio vital. Pero de no ser así como sabré el verdadero meollo del asunto, como reconciliare mis noches serenas y el sueño profundo. Esto ésta mal y lo sabes, la buena persona que habita en tus interiores reconoce, esta feroz bestialidad, hurtarle sus profundos secretos no es un acto heroico como desenmascarar temerariamente a un villano, que derecho y bajo que nombre se te es concedido. Bajo la gallarda cruzada en pos de mi tranquilidad, del sosiego de mi paranoia. Bruto, falso, doble moral. Es una cuestión de... ¡Que vas a entender! Me importa un cuerno si hunde una hoja de acero sobre nuestra garganta. 

  La noche se recostó como habitualmente desciende sobre la ansiedad y el hastío. Mojó el pasto de rocío y la cabeza de incertidumbre.

miércoles, junio 8

A mi padre...

Cuando volví de la escuela, la casa ya olía a arroz colorado y un guiso verde. La televisión estaba encendida y las botas de papá estaban junto al sillón verde, el mismo que dos años después se volvería la cama del perro. Entonces lo ocupaba gallardamente el viejo. Veía el resumen deportivo del medio día y  fruncía el seño cada vez que atacaban al “galgo” torres, líder del equipo local. El hombre de 40 años era seco y de palabras cortas. Desde niño vivió limitantes y de a palmos logró hacerse de un taller mecánico, un casa de Infonavit y un opel color rojo con las polveras a medio caer color gris.
Cerca de los 35 años, descubrió los scouts, los niños exploradores de un concurrido parque en el segundo cuadro de la ciudad. Se volvió un fiel adepto, crédulo de las disposiciones oficiales y de su rol como dirigente en turno. Se le veía feliz con su camisola gris y la pañoleta en tonos azules, caminando por el empedrado, acicalando el lugar y obsequiando palmas y voces a su paso, siempre fue un asunto de pertinencia y devoción.
Jamás lo vi leer con cotidianidad como lo hacia con los cientos de manuales, redactaba actas para denunciar comportamientos quejosos, no dignos del movimiento. Presumía de una esplendida salud, un gran ánimo y un intacto sentido de arraigo. Ahí conoció a la mujer que le brindaría la felicidad de su segunda vida, de su segundo aire.
Le he visto derrumbarse en dos ocasiones: en el alarido que convocaba a la separación, cuando todos sentados en la sala, al suspenso de la televisión apagada, escuchábamos su disculpa, su declaración de paz, su sometimiento ante nuestro juicio y absolución. La segunda, cuando falleció su madre en medio de un pueblo pequeño a las afueras del área metropolitana. La anciana mujer se cansó de caminar entre pastizales que no conocía, de alimentar marranos que no recordaba tener y de perderse a diario en el transcurso de la cocina al catre. El viejo se veía consumido entre la diabetes y su profundo dolor. Siempre lo vi enorme ante mis ojos y ahora lucia desvalido, desesperanzado.
Durante las comidas consecuentes, fingía ser el hombre fuerte, de grandes atavíos. Le gustaba encabezar la mesa y hablar con la mayor serenidad que le era concedida.

Aquel día cuando niño, cuando volvía a casa de la instrucción primaria, me fue otorgado un derecho irrevocable, el derecho de idolatrar la gallardía del viejo, a pesar de su endeble posición. Fue la ultima vez que nos vimos sin tantos rasguños y rebosantes de ingenuidad.

domingo, mayo 22

Confesión, y disculpa pública



Este espacio ha sido desde hace dos años: un lugar de literatura personal, narraciones en primera persona y aventuras de faldas. Escribo de expresiones sumamente personales y he buscado alejarlo de mis preferencias políticas, de mi quejosa percepción de la ciudad. Sin embargo, me encuentro en un punto en que este naufragio es ineludible, el iceberg ha impactado la envergadura y el agua ya empapó los tobillos. Necesitamos hacer algo para que no nos llegue al cuello.

El tema en boga y, lamentablemente, la pesadilla cotidiana: La inseguridad, el narcotrafico, delincuencia organizada, comandos criminales, funcionarios corruptos o, peor aún, incompetentes e irresponsables. Todos los elementos que integran nuestro actual estado fallido. Es triste darse cuenta como la delincuencia ha registrado un status de cero consecuencias, ya a nadie le importa si te cortan el cuello o si lo asignarán a un ajuste de cuentas, y el archivo, si es que se abre una linea de investigación, junto con tu cuerpo, pasará a solo memoria.

No voy a politizarlo, no señalaré al presidente Felpe Calderón Hinojosa como responsable de los hechos violentos, no atacaré la gestión del ex-gobernador constitucional de Coahuila, Humberto Moreira Valdez, ni la actual o pasadas administraciones municipales. Ya que los políticos nos han olvidado, yo también los olvidaré en las urnas, y en mi búsqueda por soluciones reales, que no sea pailar los efectos de esta inhumana guerra a base de balas y cadáveres.

Denuncio las practicas inmorales de los actuales hechos sangrientos a la comunidad en general. A los verdugos de jóvenes, niños, hermanos, esposos, universitarios, amigos, hijos, empleados, personas non gratas, veladores, taxistas, prostitutas, cantineros, peatones, conductores... Mexicanos. Sí, estoy hablando de muchos, si no es que de todos nosotros, nosotros los que compramos cerveza clandestina, los que adquirimos piratería, artículos robados, los que consumimos drogas, los que nos hacemos de autos americanos ingresados ilegalmente al territorio nacional. También a los que acuden a establecimientos nocturnos que abren sus puertas fuera del horario permitido, y los que de antemano sabemos que pertenecen al crimen organizado. Los que cantan "ando bien pedo, bien loco" "una camioneta gris con placas de california" o "la banda norteña y los carros del año" y demás canciones que exaltan e idolatran las expresiones de estos grupos delictivos, que narran la exitosa vida del delincuente, del asesino de los más de 40 mil mexicanos.

Sí, usted lector puede estar financiando a estos indeseables personajes. Puede estar empujando a miles de jóvenes a anhelar ser parte de algún cartel, a ser un halcón, a soñar que conducen una camioneta del año blindada, con escoltas y una escuadra en el regazo, arropado por mujeres, excesos y el "respeto" mal habido.

Esta noche me da vergüenza haber llevado a mi país a este peldaño, pido perdón a todas las personas que mis actos indirectamente les han afectado. A los que han perdido un ser querido.

A usted querido lector, lo invito a que reflexione y decida con sus acciones y no con sus palabras en que país quiere vivir.

martes, mayo 10

Mea Culpa

Volví. Regresé, hace diez deseos que no estaba aquí. Esta casi todo intacto, la casa, el ropero, el cuerpo inocuo  comencé por desdeñar los recuerdos apócrifos de esta enorme casa, sacudí los fantasmas de las sabanas, encendí con añoranzas los troncos del fogón.
Ahí estaba la vieja, arrugada, incoherente y moribunda, ahí estaba mi vieja. La de las mejillas largas, las abrazos condescendientes  la que me ensalza con orgullo. Miente menos, sufre igual, pero quiere más, mucho más.
Cuando la visito el holocausto de mi primer homicidio imprudencial, en realidad fue un mal negocio al que maté, pero me dolió igual. Lo sigo Cargando pesadamente cada noche, me jodió mi expediente crediticio y me obligo a rendir cuentas más de lo debido a un pusilánime. Entonces la vida no me resultó tan satisfactoria, no es que ahora lo sea. Pero en mi cabeza debió haber sido diferente. Fueron 8 meses u 8 años, perdí la cuenta de ese endemoniado letargo, abrumador. La vieja era más castrante y más concienzuda, poseía por hijo a un hijo de vecino, y con mediana parsimonia, solapo el tremendo drama de mi vida.

Que memorias de la vieja, apenas si fue hace veintiséis años la ultima vez que la vi.

Dramaparadiario#2

lunes, abril 18

Carta Felicitación

Estimado Erick, entiendo la situación que te acosa en este gran momento. Después de tu gran esfuerzo has obtenido la jefatura del taller de impresión, como lo dijiste un día, lo has logrado. Es cierto que no te pagarán más, que probablemente tus actividades serán las mismas, que no adquieres nuevas facultades ni responsabilidades, muchos podrían decir que aún eres un impresor como cualquier otro, Sin embargo, tu debes verlo como un voto de confianza, como una buena palmada y reconocimiento a tu trabajo. 
Lamento mucho que este, sea el momento más memorable de tu vida, que trates de ocultar lo miserable que eres, con este nombramiento apócrifo, más si tu felicidad claudica en sentirte mejor que el resto de desdichados con el que compartes taller, es comprensible. No puedo desearte sino un gran aprendizaje y una poca dolorosa caída. Recibe mi admiración y mi profundo respeto. 

Quedo en usted miserablemente.
Jefe de taller de impresión
Sr. Erick González Urrutia

martes, marzo 22

nota

Nunca le dijo adios, nunca le prometío volver. Adyacente colgó su bolsa de plumas y consiguió, con ello, la vehemente huida.

sábado, febrero 26

Noche

Esta cayendo la tarde, una mala tarde. Estoy empapado en frió, perdí todo mi dinero en una tonta apuesta, mal gaste mis ultimas dos horas en una estación ficticia, este ocaso es un verdadero apostrofe. 

Aún así sigo esperando verla doblar la esquina para olvidar la tarde y comenzar su noche.

jueves, febrero 17

hoy



Veinticinco años es apenas un suspiro... Mis bodas de plata, mi quinto lustro, mi vigésimo sexto invierno.
A través de mi vida he sido testigo de la caída de regimenes, del nacimiento de la informática, de revueltas civiles... y sigue siendo tan poco, memorias que apenas si colman cuarenta o cincuenta cuartillas. 
He tenido cuatro hogares, tres motes, cinco gatos, más de una docena de empleos, cuatro noviazgos, nueve o diez amigos e incontables enamoramientos. 
Pasa el tiempo rapidísimo, recuerdo mi primera cicatriz, la primer muerte, el primer natalicio que presencié, mi primer exhalación sexual.
Hoy que contemplo escasos veintinada años, veo con soberbia las mentiras de mi educación, los sabotajes sentimentales de infante, los altercados ficticios emocionales de los que fui participe y particularmente las decenas de personas que he tocado. No poseo arrepentimientos, secretos que carcoman, ni dios que se enorgullezca de mí.
Cuento con miedos irrisibles, con mentiras convalecientes y errores irremediables.
 Recuerdo con jubilo, los rostros enamorados que he iluminado, los cuerpos que he saciado, los corazones que he masticado, las manos que he estrechado, los semblantes que he evangelizado, los puños que he provocado.
A nadie le interesan con detalle todos y cada uno de mis nueve mil ciento treinta y seis días con sus noches que mi cuerpo ha exhalado, siquiera a mí. Sin embargo esta noche, la noche de ayer y cada noche de mi vida en que con sobriedad y sapiencia he descansado mi cabeza a punto de cerrar los ojos y entregarme al sueño profundo, en las matemáticas del día, en el recuento de acciones, puedo asegurar que cada hora consumada, ha valido la pena vivirla.

Firma Cesar Enrique Sierra

martes, febrero 15

Bajo el colchon

La noche arreciaba y el olor a tedio penetraba el lumbral de la puerta. Un día corto de pocas ocupaciones, más aún cansado por la poca dinámica. Era una tarde intrascendente de oficina, ligera caminata y un par de copas de un vino vagabundo que me encontró hurgando la gaveta de conservas en la cocina de mi madre. A pesar de mi larga estadía parece esta mañana haberse regenerado por completo la casa desde sus cimientos.
La ultima copa en mano, un cigarrillo de contrabando. Arroje mis prendas lejos, y me recosté en la cama, verde y demoledora. Con resortes de una potencia taladrante contra mi espalda, un colchón de mal sueño y peor descanso. Tras rodar de una posición a otra, mi enclenque tono muscular demando un alivio. Desnude sabanas y edredones, disponiéndome a cambiar la cara del colchón. Erguí una esquina, después otra y del fondo de la tarima de madera se descubrió una suerte de papeles desconocidos. Deslice la piltrafa y me arroje sediento al botín. Fotografías, recortes y cartas de amor de mi hermano mayor. Cartas de su hoy esposa, bastante peculiares. Un papel de dimensiones impresionantes que con dificultad y mis cuatro extremidades pude contener lisa para leerla. Nada ostentoso -el contenido, no la forma- ni innovador. Justificando peleas, indesiciones y miedos. Entonces abandone por completo la cofradía y me entregue al cuestionamiento hostil e inhóspito de mi rudimentario quehacer sentimental. ¿Buscaba esposa? No, pero ¿La buscare en algún momento? y de así hacerlo ¿Encarnaría un naufragio pasional endémico y accidentado? O ¿solo rendiré mi aversión al convencionalismo social?

No lo sabre con mayor destreza, aunque, mi vislubramiento palpa lejos de un motín romántico, una negociación para conciliar intereses, un trueque tácito de necesidades coyuntiva que resulte atractivo y compensable. Auque las convenciones utilitarias de una persona socialmente activa son en una diminuta fracción perennes, y por el contrario son particularmente pertenecientes a la cambiante revuelta de emociones dependientes de estados anímicos, comunitarios y hasta patológicos.

lunes, enero 17

Borrador Cuento

Violeta y el viejo Toallón

[...] Había sido un día bravo en la escuela y el camino interminable de dos cuadras y dos tercios de regreso a casa, sumamente agotador. Aquella tarde de verano, después de haber consumado sus faenas vespertinas, la inapacible chiquilla se dispuso a cambiar sus ropas. De la forma más alarmante, salieron disparadas de sus miembros dispersándose por toda la habitación. Las medias colgaron del travesaño que sostiene las cortinas, la falda de tablones se unió a la oscuridad inexplorada que habita debajo de su cama, la blusa de abotonar sobre la coqueta y la mesita de noche acogió feliz un zapatito y el suéter de dos botones. En un santiamén ocupo su pantalonera –no muy percudida- color morada y el camisón crema con pequeñas figuras estampadas. Se sentó a la orilla de la cama y despacio se recostó hasta que sus cabellos recios inundaron el edredón. En el mismo ritmo cedió la fuerza de sus piernas y parpados. Tras discurridas dos horas Interrumpió su letargo la voz suave de su madre
   -¿Violeta?- mientras le rozaba ligeramente la frente con sus duras y calidas yemas -¿Vienes a cenar un platón de Cereal?
Entre sueños escucho la invitación y se incorporo de un brinco, ya en el transcurso del salto sus ojos se abrieron, su uniforme escolar ya se había agrupado en una silla perfectamente doblado. Extrañamente, eso ocurría cada tarde durante su siesta. La pequeña embistió sus felpas de elefante, que de no portar con calzado cuando bajara, seria fuertemente reprendía por tal descuido.  Entonces acudió prontamente al lavamanos del baño situado en la planta alta, tan lejos como cuatro pasos grandes, un mediano y medio pie –exactamente- de distancia a su alcoba. Acercó con el empeine el banquito de la calcomanía de cocodrilo, al nacimiento de  la porcelana del grifo, para poder enjabonarse las manos, cabe decir que violeta no es precisamente un gigante y requería de este pequeño auxilio para realizarlo cómodamente. Con dificultad, controló la pastilla de jabón de mojarra, que brincaba de sus manos a cada apretón, sin duda era buena pescándolo, después de frotarse, dejo correr el agua por sus dedos para eliminar la espesa espuma que la mojarra en pasta había dejado con la fricción, ahí paso unos segundos columpiando el agua por sus palmas y muñecas hasta sentir un pequeño escalofríos. Entonces brincó lejos del banquito, lo empujó a su lugar con la punta del pie y cerro la llave con el codo. Se sacudió ligeramente los nudillos y los estampo contra la toalla que pendía de una horquilla de metal incrustada en la pared.  Estrujó la toalla entre los dedos y de pronto un doloroso quejido quebranto  el silencio. Apuntó la vista hacia la verja de la ventana y tras un pequeño instante, volvió sus palmas a la afelpada tela, y continúo frotándolas.  Deteniéndose una vez más al escuchar nuevamente aquel alarido. Se dispuso a revisar meticulosamente la habitación: mojarra, cocodrilo, puercoespín para dientes, felpas de elefante, hasta el grifo de la porcelana se encontraba en quietud. Tras el breve y conciso chequeo nadie presentaba anormalidad. Exhaló  extrañada y tiro de la toalla que con tanto manoteo había perdido ya el equilibrio sobre la horquilla.

-¡Niña! Ya tienes las manos secas ¿No puedes dejar de apelmazarme? – Sentencio la voz enérgica.

Violeta se volvió con violencia la espalda, las cejas se unieron al sequito de cabellos, y sus ojos se estiraron de polo a polo con tal azoro.

-¿Toalla?- pregunto. De puntitas y muy sigilosa se acerco con un andar pasmado hasta pegar su rostro a la pared que sostenía la horquilla y le susurro -¿Eres tú?-

[Fragmento]

jueves, enero 6

La triste y candida historia del inicio desalmado

En contubernio con mi profesa indesición y falta de aditivos me enfile al cierre del año con una jocosa y provisional actitud hilarante, como el que seguro de su vida y actuar cotidiano emigra a una playa por espacio de una semana, se desemboca en actitudes ajenas a el, se emborracha, abraza vientres extraños, se lleva al limite con una caducidad clarisima para volver completamente cuerdo, sereno y disciplinado a su quehacer cotidiano. Sin embargo mi desembuchada actitud, no emigro al concluir mi fecha trazada, continuó en el Limbo trastabillandome con mi pasado reciente y oscilando el cuerpo de un costado a otro en una multitud, solo en busca de visualizar hacia donde caminamos o en su defecto reconocer algún rostro familiar. Así que a falta de respuestas, me creare las propias. ¿Como? echando el chal con mis vecinos extraviados de caminata, alguna mano debe sostenerme o empujarme, y algún vientre habré de ensanchar. ¿que como dijo? ¡Que ahí voy!