lunes, diciembre 5
Aquellos
sábado, marzo 26
Me quedo
Me quedo sin ti, pero aun me quedo. Me quedo con las dedicatorias que amorosamente escondiste entre los libros que me obsequiaste y con los te amo que dejaste regados por mis cuadernos y notas. Me quedo con las 2 fotografías que no quemaste con el incendio de tu partida. Me quedo con lo lindo, como la promesa de que me cuidarías cuando fuera viejo o la vez que me dijiste que yo era el amor de tu vida.
Me quedo con los calzones y las sandalias que olvidaste en mi departamento. Me quedo con tus besos y tus sonrisas que atesoro en una fotografía de los candados amorosos que aun cuelga sobre mi cama.
Quédate con todo lo demas, con nuestras frustraciones, con los gritos, con las heridas de muerte, con el panteón completo. Sé que te hacen más falta a ti, porque no paras de recordarlas.
Yo me quedo con los momentos, los momentos de esa vida que tu quieres olvidar. Me quedo con esa vida futura que no compartiremos. Me quedo contigo, aunque no estés tú.
Me quedo con los calzones y las sandalias que olvidaste en mi departamento. Me quedo con tus besos y tus sonrisas que atesoro en una fotografía de los candados amorosos que aun cuelga sobre mi cama.
Quédate con todo lo demas, con nuestras frustraciones, con los gritos, con las heridas de muerte, con el panteón completo. Sé que te hacen más falta a ti, porque no paras de recordarlas.
Yo me quedo con los momentos, los momentos de esa vida que tu quieres olvidar. Me quedo con esa vida futura que no compartiremos. Me quedo contigo, aunque no estés tú.
lunes, marzo 14
Todos mis errores (no todos)
Crecí tratando de ser diferente. Mi ropa, mi cabello, las palabras y gritos que pronunciaba, mis intereses y charlas estaban orientados a llevarme lejos de las multitudes. Los quereres que procuraba, los amigos que compré, los que quise y también los amigos que perdí fueron testigos elementales de una búsqueda. Mi trato con la familia y mis comentarios malintencionados acerca de la estructura familiar dinamitaron los montes que —aseguraba — no quería contemplar en el horizonte.
A palabras de uno de mis mejores amigos, siempre fui como un Darth Vader sin capa. Me seducía el lado oscuro de todas las cosas, en especial los caminos no transitados. Siempre he mantenido mi predilección por los gustos e intereses menos elegidos. Yo apoyé al peje cuando no era tendencia, cuando todos en mi ciudad decían que era un chavista, luego lo abandoné cuando todos mis conocidos y amigos se volcaron en su causa a través de redes sociales, y no solo me distancié del camino sino voraz roí su cuello con todas las deficiencias que conocía por haber defendido la causa. Así amé y abandoné el teatro, la literatura, el cine, el té, las bicicletas, los conciertos de música, las estaciones de radio alternativas, las expresiones sui-generis en la cultura, el socialismo, el PRD, Gabriel Figueroa, la máquina de escribir, el Necaxa, el tenis, las sustancias alucinógenas con fines recreativos y mi siempre punzante outfit que rehuía de la despersonalización, entre muchos otros tópicos.
El modus operandi siempre era el mismo, llegaba a estos lugares que me parecían vírgenes y desolados, evidente razón del por qué los abordaba, retirándome cuando se volvieron lugares comunes, por supuesto que al marcharme traté de dinamitarlos — casi nunca lo logré —.
La vida es justo ésta que elegimos. No hay un solo acto, situación, gloria o tragedia que me haya sucedido por enmienda de la suerte. Siempre en cada una de estas escenificaciones se tiene la oportunidad de decidir e incidir en el resultado personal. Es decir, no puedes evitar que un tipo asalte, pero puedes elegir no estar en el camino directo de una bala. Siempre tenemos opciones.
El día que por primera vez vi llorar a una chica a causa de mis actos supe que así lo había decidido, sin pensarlo, pero eso perseguí. Pude haber elegido solo desaparecer cuando las cosas no fueron favorables, pude haber sido amable y ser disciplinado con mi negativa, en lugar de tajante e indiferente para provocar su orgullo. Pude haberme diluido en un mutis gris pero quise mostrarme gallardo y estoico. Pude haber elegido dar esa carta, que me envió llena de melancolía y sentimientos equivocados, por perdida y no aparecer lastimosamente a devolverla. Pude haber elegido no convocar un novelón de llanto y drama, no ser ese protagonista que tiene que ser fuerte por ambos y largase sin doblar las rodillas al tierno llanto. Aunque no de forma premeditada pero así lo hice, porque así lo decidí.
El frio distanciamiento no vende. A nadie le importan las historias cuerdas y sensatas, la separación sin caudales de histrionismo y desapasionada nos crea la sensación de abandono y olvido, como si no importáramos. La vida —o nuestras compañías— nos han enseñado que cuando se pierde algo importante y duele hay que tirarse a berrear, hay que demostrar que tenemos la sangre expuesta y no limpiarla sino dejarla brotar hasta que sea evidente el peligro de muerte. Volvemos a tener la oportunidad de elegir.
El fin inmediato debería condenar un No voy a quejarme de ningún infortunio, desamor o desgracia, aunque al tipear aún me siento distanciado, confuso y con la mayor opacidad de mi futuro. No tiene ningún sentido culpar a alguien más por mis errores o aplaudir a otro las tomas asertivas porque —a razón del poco sustentado argumento, y de no haber cambiado mi postura llegar al último punto de este texto— sostengo mi juego pegado a la banda hacia donde corrí en ese ir y venir de intereses, con mi capa negra y mi membresía de la estrella de la muerte en el bolsillo.
Hoy dormiré con la decisión de abrazar y aprobar todas mis decisiones, erradas o no, consecuentes o solo plasmadas en un blog. Hoy abrazaré la almohada y soñaré con volver a ser todos los roles y disfraces —de nombramiento, palabra y acto— de mi temprana edad adulta. Quizá mañana los abandone pero hoy los dejaré dormir en mi cama.
Soy Enrique Sierra, el incongruente del barrio —que no es mi barrio—
domingo, enero 24
Las mensajes de antes
No hay nada más nostalgico que leer viejas cartas que tú mismo escribiste. Recordar esos textos que habías olvidado. Buena parte de la tarde me la pasé recordando como solía sentirme, como la llamada, como respondía amorosa y llena de esperanza. Como solíamos querernos.
He dejado de escribir, porque solo escribía para ella. Para incrementar la admiración que me tenía, para escuchar cien mil veces de su boca que era el mejor escritor del mundo, que un día viviriamos juntos, que me cuidaría cuando fuera viejo.
No me apena aceptar que lloré una o dos lagrimas al reeler las cartas. Parecía tan feliz, en verdad era muy feliz. Ella era toda mi vida y no había ningun plan donde ella no figurara, con mayor sinceridad no había ningun plan, solo ella.
Quería morirme con ella, tener un perro en un departamento y verla sonreír cada día. Solo la quería a ella. No necesitaba a nadie más.
Ni siquiera sé cuando dejamos de querernos.Cuando comenzamos a pelear y gritarnos. Cuando dejamos de hacer el amor. Ella era la mujer perfecta: linda, culta, ambiciosa, ingenua y estaba llena de sangre. Estaba llena de sí.
Cuando el tiempo coincide se me da el extrañar la forma en que solíamos ser y como solíamos querernos. Constantemente me miento para permanecer esperanzado, me digo que es temporal que nos volveremos a encontrar que no nos hemos dejado de querer.
Aunque aún nos escribimos, no existe ni la sombra de ese destello que irradiaban sus mensajes. No hay martires, tomé mis decisiones y ella las suyas, muchas no fueron las más adecuadas y el resto fueron abobinablemente egoistas ¡fue el horror!el puto horror. La casa era un mausoleo, yo estaba tan... Lo arruiné, lo arruinamos.
No hay destino ni universo que nos consuele porque no es una desgracia, es la vida que escogimos. La puta vida que escogimos.
"Buenos días mi amor! Hoy leí tu mensaje al despertar y me dieron ganas de escribirte... te amo!!" Ella, el 25 de Enero de 2013.
Mañana serán 3 años, y mi vida ya no parece la misma, yo mismo soy otra persona.
Tal vez solo estoy haciendo un novelón porque me sentí no amado una tarde, o tal vez estoy lleno de la musica nostálgica y esas peliculas deprimentes y amoratadas y esa novela española y toda esa basura que consumo, no lo sé. Tal vez mañana aparezca ella o, lo más probable, no regrese nunca.





