Es común observar un acercamiento particular entre las parejas, dos personas de sexo contrario —o en ocasiones del mismo— unen en simultaneidad sus rostros, estrechando los labios con movimientos sincronizados. Esta expresión cultural, el beso, reside en una herencia milenaria en el que se oprimen los labios a impulso del amor o del deseo o en señal de amistad o reverencia.
Para besar es indispensable contar con el consentimiento, en este caso de una mujer, generalmente en pleno uso de sus facultades mentales. Para besar se debe estar físicamente en el mismo sitio: Una plaza, habitación, estación del metro, restaurante. La gama de opciones es variada y depende de la emotividad, de gustos, o hasta del propio azar.
Al besar se sitúa frente a frente, pudiendo rodearla con los brazos para justificar la cercanía —si la respiración se acelera, las manos sudan o presenta inquietud en el estomago, no debe preocuparse es un efecto colateral del acto— se inclina el cuerpo ligeramente en un movimiento lento, de forma tal, que sin importar la complexión o alturas distintas permitan acudir con los labios propios en línea recta hacia los labios de ella.
Habiendo coordinado la alineación de las bocas, se aisla el exceso de saliva de la boca tragándola a través de la garganta, continua el movimiento del cuello, torso y brazos hasta empalmar los labios, aunque no es una regla, habitualmente, los ojos se entrecierran instantes anteriores a lograr el contacto.
Separando ligeramente los labios, de forma que puedan embonar en los labios de la mujer, comienza un movimiento intermitente de los músculos de la cara y de toda la boca, de forma oscilatoria, abriéndola y cerrándola tenuemente, tratando de mantener siempre unidos los labios, ayudando con la lengua y los dientes, para acariciar, morder y masajear la boca besada. Para terminar el beso basta con cerrar y desprender con propiedad una boca de la otra en un movimiento lento y continuo.
La longitud del beso, depende de una actitud coordinada entre las partes inmiscuidas, pudiendo inferir, agentes externos como el lugar y los transeúntes. Puede el beso acompañarse con caricias de las manos sobre el rostro, los brazos, los senos, piernas y nalgas, en estos tres últimos casos se deberá tener cautela y considerar, el momento apropiado, y el estado anímico de la mujer.
Nota. Este es un ejercicio literario que emula el texto "Instrucciones para subir una escalera" del maestro Julio Cortázar.







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