Después de martillar un clavo al azar, hay que colocar el cuadro, para reafirmar que el clavo fue intencionado. Es la segunda vez que publico una sarta de líneas intrascendentes -para quien las lee, mas no para la fuente- que debiera convertirse en un gustoso y desagradable habito.
Hoy no te he recordado, me la pasado ocupado atendiendo mi vida. El berrinche se aligera y pronto llegará el lamentable desinterés infundado. Fantasmas más viejos que tú -aunque no te has convertido si bien en un fantasma... aún- hacen aparición en la escena, desentendidos, por eso vociferan llantos no escuchados, para hacerse escuchar, pretenden allanar los rincones de recuerdos desertados.
Como es ya mi clara costumbre, me dedico un par de palomas a la egolatría. Me enderezó el cuello almidonado, y me fajo la corbata, "¡Ah como trabajo! y que bien lo hago." Sólo para justificar la irrisible existencia de mi empleo, infravalorado y nunca bien ponderado -ahí viene otra flor- pero agraciado y nutrido de historias cachibacheras.
Hoy tengo una casa abandonada, sin vida, pulida en polvo y llena de los despidos de mis gatos, que con sutil estrategia postran, el resto de su pelaje sobre mis ropas, sillones y el apestoso colchón que funge como descansador.
Letras, letras y más letras. Acicalan el haber cotidiano de una completa levedad, finamente condimentada con un mar de cuestionamientos. Con futuro incierto -grata sorpresa no tener medido- vislumbro, sin quehaceres y desencantos rutinarios, una perfecta estructura mecánica, que delimita una época de pocos cambios, quieta, pero no estable como el charco de lluvia que con fulgor e ímpetu rompía el cielo, encuentra calma no duradera, lastimosa en cada pisada, agradable en cada lenguetazo de un extraviado animal callejero.
Es sin más un día para no recordar, no por penurias, sino como una escena editada. Si no lo cuento en la bitácora de vida, no se pierde nada de la historia. Es tan sólo, una toma de pasillo, una perfecta muestra de como se debe trabajar la elipsis.
Escrito #2.






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