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martes, julio 5

Fragmento

  Nunca creyó que hablar fuese necesario, basaba su vida en sensaciones corporales. Como el viento helido que atraviesa el lumbral de la ventana de madera, masticada por los años y finamente decorada con una cortina inmensa de bordes platinados; Como la sinuosa escalera de madera que conducía a su cuarto con sus escalones chillones de roble, con la barandalilla recubierta y ennegrecida por la falta de aseo; Como la dulce luz del corredor que aislaba sus noches, del frío, del temor injustificado y del trémulo asomo de ruidos bajo las maderas que sostienen su cama.

  Se conformaba con ser un llano habitante del vecindario, un buen vecino, sin embargo, esta vez se enfrentaba a una inusual condición. Se sentía Atosigado por el hombre hermético. Practicaba una vigilancia omnisciente sobre aquél sujeto, y al tratar de calmarse se relataba el hecho a sí mismo en busca de ridiculizarlo y denigrarlo al punto en que se vuelva un chiste de poca gracia. Sé que detesta los exteriores, huye del sol redentor de la mañana, del vapor de la tarde, de la ventisca de la madrugada. Lo veía de vez en cuando asomando un trozo de carne por la rendija de la puerta azul, aquella que recibe de frente el atardecer, cuando la ciudad comienza a verterse dentro de las mazmorras familiares. Llamando a su gato tomy, tory, toly... Sí, creo que toly aunque nunca le he visto sé que es un gato, ya que hay un arenero junto al pasillo de servicio y un perro no puede ser dueño de un nombre tan soso.El hombre tiene cubiertas las paredes del interior con plástico o bien celofán, resplandecen los brillos con el sol del mediodía. Después de esto dicho sintió el temor recorrer los nudillos por no saber nada concreto o real acerca de él.El vecino, observó más de una tarde al hombre hermético, sin lograr ver siquiera su rostro o un débil boceto de él. 

  Decidió entonces montar una brava guardia. Clavó con poca pericia la base de un tripie al ventanal del ático, que para efectos prácticos yacía justo en línea profunda con la ventana de aquel hombre, que sin así saberlo, le robaba la tranquilidad. 

  Pensó para si, sabes lo poco moral, lo falto de buenas costumbres y atroz falta que infiere esta completo allanamiento de su espacio vital. Pero de no ser así como sabré el verdadero meollo del asunto, como reconciliare mis noches serenas y el sueño profundo. Esto ésta mal y lo sabes, la buena persona que habita en tus interiores reconoce, esta feroz bestialidad, hurtarle sus profundos secretos no es un acto heroico como desenmascarar temerariamente a un villano, que derecho y bajo que nombre se te es concedido. Bajo la gallarda cruzada en pos de mi tranquilidad, del sosiego de mi paranoia. Bruto, falso, doble moral. Es una cuestión de... ¡Que vas a entender! Me importa un cuerno si hunde una hoja de acero sobre nuestra garganta. 

  La noche se recostó como habitualmente desciende sobre la ansiedad y el hastío. Mojó el pasto de rocío y la cabeza de incertidumbre.

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