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jueves, febrero 17

hoy



Veinticinco años es apenas un suspiro... Mis bodas de plata, mi quinto lustro, mi vigésimo sexto invierno.
A través de mi vida he sido testigo de la caída de regimenes, del nacimiento de la informática, de revueltas civiles... y sigue siendo tan poco, memorias que apenas si colman cuarenta o cincuenta cuartillas. 
He tenido cuatro hogares, tres motes, cinco gatos, más de una docena de empleos, cuatro noviazgos, nueve o diez amigos e incontables enamoramientos. 
Pasa el tiempo rapidísimo, recuerdo mi primera cicatriz, la primer muerte, el primer natalicio que presencié, mi primer exhalación sexual.
Hoy que contemplo escasos veintinada años, veo con soberbia las mentiras de mi educación, los sabotajes sentimentales de infante, los altercados ficticios emocionales de los que fui participe y particularmente las decenas de personas que he tocado. No poseo arrepentimientos, secretos que carcoman, ni dios que se enorgullezca de mí.
Cuento con miedos irrisibles, con mentiras convalecientes y errores irremediables.
 Recuerdo con jubilo, los rostros enamorados que he iluminado, los cuerpos que he saciado, los corazones que he masticado, las manos que he estrechado, los semblantes que he evangelizado, los puños que he provocado.
A nadie le interesan con detalle todos y cada uno de mis nueve mil ciento treinta y seis días con sus noches que mi cuerpo ha exhalado, siquiera a mí. Sin embargo esta noche, la noche de ayer y cada noche de mi vida en que con sobriedad y sapiencia he descansado mi cabeza a punto de cerrar los ojos y entregarme al sueño profundo, en las matemáticas del día, en el recuento de acciones, puedo asegurar que cada hora consumada, ha valido la pena vivirla.

Firma Cesar Enrique Sierra

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