Blogroll

martes, noviembre 9

Prisa

Mario apretaba sus agujetas sentado sobre su cama. Luego abotono de nuevo su camisa, grito a Julián se apurara con su llamada telefónica. Retoco el peinado, reviso la exactitud de su reloj de pulsera, decidió dejarlo, y lo coloco en la mesa café que posa junto a su cama, en el mismo movimiento tomo las llaves del departamento. Volvió a Gritar a Julián con más énfasis estaba claramente inquieto por marcharse. Volvió la vista hacia su calzado, a la camisa, el peinado, roso el rededor del pantalón y sintió por tercera vez llaves, teléfono, cartera, cigarros. En ese preciso orden.

Se encamino hacia la puerta y pronunciando un fuerte toc toc con los nudillos contra la madera grito.

-¡Se nos va a hacer tarde!
-ya voy. Con voz serena contesto desde el interior del dormitorio
-ya voy, ya voy… ¡ya voooy, Ándale! Respondió Mario con una mueca de enfado.

Camino hacia la pequeña estancia, se recargo junto al marco de la puerta por algunos segundos, regreso a la mesa café junto a la cama, y se puso el reloj de nuevo, al instante lo volvió a colocar junto a la caja de lápices. Volvió al lumbral de la puerta y extendió la mano a la manija, al escuchar la puerta de Julián, salió del departamento, bajo la escalera y lo presiono con un grito desde la acera.
Con paso de prisa hacia la avenida, tomaron el autobús. Ya en marcha Mario volvió a cierta cordura, contemplo por algunos instantes los asientos vacios y decidió permanecer de pie, volvió la mirada y encontró atención en una cabellera oscura, ligeramente aclarada por químicos, ceja rigurosamente delineada, parpados hundidos, escote amplio, tetas grandes y mochila en brazo. Con un evidente codazo le informo a Julián el hallazgo, platicaron poco y contemplaron más. Llegaron a la estación, y con paso precipitado pisaron hasta el andén de la línea dos del metro, consiguieron espacio al frente de la apretujada espera, revisaron ampliamente el grupo en busca de algún otro hallazgo. El vagón se hacía esperar. Después de unos minutos de vagar con la vista, comenzaron a escuchar la llegada de la maquina, abordaron y se pararon junto a la puerta. Estaba muy poblado. Descendieron en la estación consecuente y liaron a codazos por bajar primero la escalera, ya en la calle caminaron despacio con desconfianza, con forme aumentaron los pasos, aumentaron la velocidad. Se comieron un par de cuadras y con dificultad entre espera y audacia cruzaron el boulevard que los dividía del gran parque central de la ciudad. Buscaron una taquilla por algunos minutos y avanzaron hacia el norte. En tres o cuatro, cientos de pasos encontraron el acceso. A punto de pagar la admisión y Julián se acerca al enorme cartel con el anuncio de los invitados de esa noche. Lo revisa de arriba abajo mientras Mario le agudiza la falta de tiempo, lanza un par de palabras para apurarlo, y avanza hacia Julián.

-¡¡vámonos!!- Le refunfuño Mario tocándole el hombro.
-¿ya viste? – señalando el cartel.
-¿Qué? –respondió Mario con cara de total incógnita.
-¿Cuándo es el concierto? – cuestiono de nuevo Julián.
- ¡Es hoy!- sentencio Mario aun más enérgico y señalando el enorme cartel - ¿Qué dice? Martes 16 de noviembre.
-Exacto, hoy es nueve.

0 comentarios:

Publicar un comentario