En un miércoles cualesquiera, el día se encumbró, y con aspavientos, corrió la mañana hasta que cundió la tarde. Ya en la sobremesa, habiendo destazado la labor cotidiana urgente, se volvía una pasmosa calma entre los cubículos, y las voces bajas iban tomando forma sólo interrumpida por ocasionales timbres de teléfonos. Predominaba la charla de moda, el político inepto que ,en plena feria del libro, tuvo una entrevista catastrófica, que le ha causado burlas entre el grueso de la población, adversarios políticos y hasta el soso medio de la farándula
—o verdulería de televisión, es igual.
Hablaban de los chistes que en su honor se han gestado, de la debacle que se le presenta, de su fin como político. No hay nada más errado que los últimos dos tópicos, que en realidad es sólo uno. Si decir tonterías arruinara una carrera política, el ex presidente de México, se hubiera ido un par de años antes del final del sexenio; el político tabasqueño que fuera regente de la ciudad de México, no hubiera competido en 2006 por la presidencia de la republica, menos hubiera repetido la candidatura para el año próximo. Si las metidas de pata arruinaran políticos, el que fuera partido oficial durante 70 años, habría desaparecido antes de que se volviera en nuestra desgracia.
El ataque a través de medios electrónicos a tan banal suceso, sólo demuestra nuestra poca resistencia a la manipulación. ¿A quien le importa lo que ese galán político lee, o no lee? A mí. Más no hablo escuetamente de la literatura, me interesa saber si lee las cientos de iniciativas de ley que se discutieron durante los seis años que duro su mandato en el estado de México. Me pregunto si ha leído algunas de las miles de misivas enviadas a las diferentes autoridades, de parte de familiares furibundos y tristes, pidiendo clemencia ante la ola de violencia que los azota. ¿Alguien se preguntó si leyó alguna vez la carta magna y sabe, los brutales atropellos que se cometieron en su administración contra pueblos indígenas?
El hecho de que el microblog de 140 caracteres, diga que este político mexiquense no lee, no me divierte, ni siquiera la publicidad absurda de una librería que circula un display de fondo amarillo donde se cuelga del momento, y logra que miles de usuarios lo difundan. Me entristece que las redes sociales estén plagadas de esa violencia, contenida, que surge de la celebración de la desgracia. Es una cadena interminable que sólo ridiculiza a la sociedad mexicana.
Los duros críticos —que son más oligofrénicos de lo que creen con sus twits denigrantes pero simpáticos— se mofan e indignan por lo aberrante de las respuestas del político, aun cuando jamás hayan leído ni el Ulises de James Joyce, ni el teatro absurdo de Samuel Beckett, ni alguno de los cuatro cuartetos de T.S. Eliot, y son expertos en literatura por haber leído hace 6 meses a Stephen king, a Márquez hace 2 años y haber hecho al menos 5 resúmenes de libros durante el bachillerato.
Es simple y llana comunicación en dos pasos: la risa elocuente de un tonto, contagia a otro. No importa que en realidad tengamos que hacer algo por el país, y comenzar un nado a cuestas por recuperarlo, no importa.
Vamos a leer la última de políticos, o de futbolistas o de la tonta de los senos enormes y apellido Conde. Vamos a hablar de estupideces, total, la risa es la mejor medicina para el alma.






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